Reflexiones sobre salario mínimo y empleo, a propósito del Premio Nobel de Economía

El reciente ganador del Premio Nobel de Economía ha hecho estudios sobre el salario mínimo

Por Carlos Julio Díaz Lotero

En próximos días se convocará la Comisión Nacional de Concertación de Políticas Laborales y Salariales, a fin de iniciar nuevas negociaciones del salario mínimo que regirá para el próximo año en nuestro país. Y nuevamente tendremos los mismos argumentos de la tecnocracia neoliberal de los últimos 30 años, que repetirán las desgastadas tesis de los supuestos impactos negativos que tendría un incremento del salario mínimo por encima de la inflación causada.

Según estos teóricos del “libre mercado”, tomar como referente para el incremento del salario mínimo la inflación causada, y no la proyectada, causaría una inflación galopante, y un aumento del desempleo y de la informalidad laboral. En otras palabras, si se mejora la capacidad de compra de los trabajadores, la mayor demanda jalonará los precios al alza, y adicionalmente se aumenta el costo de la mercancía trabajo, es decir, del salario, por lo que los empresarios comprarán menos fuerza de trabajo, con el consecuente aumento del desempleo y de la economía del rebusque.

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Desde un enfoque económico diferente y apoyados en abundante evidencia, desde el movimiento sindical siempre hemos controvertido tal teoría económica dominante. Hemos considerado que el trabajo no se comporta como una mercancía, y si existen mejoras en la productividad y se controlan ciertos costos en la economía, se pueden tener incrementos salariales reales, que mejoren la capacidad de compra de la población trabajadora sin causar espirales inflacionarias, ni aumentos en las tasas de desempleo y la precariedad laboral.

Esto porque la productividad del trabajo depende básicamente de dos variables: infraestructura económica y desarrollo tecnológico. Como también depende de que se regulen las tasas de interés mediante una acertada política de crédito de fomento, de que se controle el costo de la energía y de la gasolina, y de que haya una tasa de cambio estable y diferencial para promover la economía productiva.

Pues bien, en la defensa de esta teoría alternativa el sindicalismo no está solo. La Real Academia de Ciencias Sueca acaba de galardonar con el Premio Nobel de Economía el profesor David Card, de la Universidad de California, por sus «contribuciones empíricas a la economía laboral” a partir de un estudio de caso que reafirma nuestros argumentos de que los incrementos salariales no implican necesariamente pérdidas de empleos.

David Card y Alan Krueger (asesor de los presidentes estadounidenses Bill Clinton y Barack Obama, ya fallecido) estudiaron las consecuencias que las políticas salariales de los Estados de New Jersey y Pensilvania tuvieron sobre los trabajadores de cadenas de comidas rápidas. Esto porque el gobierno del estado de New Jersey aumentó en términos reales el salario mínimo para estos trabajadores, mientras el de Pensilvania no lo hizo. Después de un trabajo de campo, los laureados economistas concluyeron que, contrario a lo que piensan los neoliberales, no hubo un aumento del desempleo en el sector estudiado en el estado de New Jersey.

La investigación, titulada “Salario mínimo y empleo: un caso de estudio de la industria de la comida rápida en Nueva Jersey y Pensilvania” (‘Minimum Wages and Employment: a Case Study of the Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania’) es una nueva evidencia de que las teorías económicas neoliberales son más ideología que ciencia.

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Creemos entonces que un nuevo enfoque de política económica debe promover, no solo una mayor diversificación de la economía, sino un fortalecimiento de su demanda interna mediante alzas salariales. Cualquier persona sensata reconoce como un fracaso absoluto la estrategia exportadora basada en el dumping social de mano de obra barata, y en la alta dependencia del país en las exportaciones de bienes primarios, que hoy constituyen el 80% del total de los bienes exportados.

El Estado debe recuperar su protagonismo en el direccionamiento de la economía y promover una política industrial de agregación de valor, que tenga como fundamento el subsector de máquinas herramientas; una política que reactive el sector agropecuario y nos permita producir los 14 millones de toneladas de alimentos que hoy importamos; que invierta en el desarrollo de una infraestructura económica, especialmente de transporte, para mejorar la productividad de la economía; que establezca un crecimiento de la capacidad de compra de los salarios para salir del circulo vicioso de la precariedad salarial y la pobreza, y así trascender a un círculo virtuoso que garantice mayor producción, consumo y bienestar para la población.

Creemos que es el único camino para superar la monumental desigualdad que hoy tenemos, y aliviar los elevados niveles de pobreza que ha profundizado la pandemia, lo mismo que los altos niveles de desempleo e informalidad laboral, que muestran un futuro sin esperanza para los jóvenes.

Solo con empleos estables y bien remunerados, con respeto de los derechos laborales y garantías plenas para el ejercicio de las libertades sindicales, podremos transitar hacia una paz estable y duradera.

Carlos Julio Díaz Lotero

Carlos Julio Díaz Lotero es Contador Público de la Universidad de Medellín. Especialista en Planeación urbano regional de la Universidad Nacional. Ex – presidente de la CUT Antioquia. Actualmente es Director Encargado de la Escuela Nacional Sindical

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