Un día de una trabajadora de un cultivo de flores

Imagen de referencia tomada de assets.eleconomista.net

La historia de Doña Rosa* puede ser la de cualquiera de los 150 mil trabajadores del cultivo de las flores en Colombia. Doña Rosa trabaja en Mercedes S.A ubicada en la Vereda la Selva de Facatativá, en la sabana de Bogotá. Se levanta desde las 3 y media de la mañana para hacer las labores de su casa, alistarse y salir para la empresa. Llega a las 5 y media, desayuna y a las 6 está empezando su jornada laboral. Media hora para almorzar y después el resto de jornada, que puede ir hasta las 2 y media o tres y media o hasta más tarde, dependiendo de si hay horas extras o no.

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La mayoría de las personas que laboran en el cultivo de las flores son mujeres. Según datos de Asocolflores, la asociación que agrupa a gran parte de las empresas exportadoras, el 59% de los trabajadores son mujeres. Son las flores las que les dan trabajo a la mayoría de las mujeres rurales en las zonas de cultivo.

¿Pero qué tipo de trabajo? Muchas veces no es el mejor. A pesar de que muchas empresas están legalmente constituidas y cumplen, supuestamente, con la ley, los y las trabajadoras de los cultivos de flores se quejan permanentemente de las condiciones laborales. Exceso de tareas, largas jornadas, inseguridad en las zonas, enfermedades laborales, maltratos por parte de los jefes, etc, etc. Todo eso hace parte de las dificultades que a diario viven en ese sector de la agroindustria.

El sector de la floricultura exporta el 97% de lo que produce, según Asolcolflores. Ese mismo gremio calcula que el año pasado se vendieron 1.411 millones de dólares, lo que significa una disminución de un 4% comparado con el 2019. Nada mal, si se tiene en cuenta la grave crisis que vivió y que vive el mundo por cuenta de la pandemia del Covid- 19.

Al año, el cultivo de las flores en Colombia produce unos 5.500 millones de tallos, de los cuales vende 700 aproximadamente en San Valentín. Los principales destinos de las exportaciones son Estados Unidos, donde la tradición de esta celebración está fuertemente arraigada.

Colombia también exporta a Japón, un destino bastante exigente para este tipo de productos y a 95 destinos más, aproximadamente.  El país es el segundo exportador mundial de flores cortadas después de Países Bajos. Se calcula que el cultivo de flores ocupa unas 8 mil hectáreas y las principales zonas productoras son la Sabana de Bogotá y el Oriente antioqueño. Colombia produce el 17% de las flores a nivel mundial y también es el primero en número de variedades; entre 1400 y 1500.

Con este panorama volvemos a la historia de doña Rosa. Ella es madre cabeza de familia y dice que con el trabajo en el cultivo de flores ha levantado a sus hijos y actualmente paga la casa donde vive. Ella siente que su trabajo es poco remunerado, porque que el salario mínimo en Colombia no es mucho para lo que alcanza. El consuelo que le queda es que a veces, cómo por estos días, les dan horas extras y eso significa unos pesos demás, aunque también sabe que eso va en detrimento de su salud.

Doña Rosa lleva 27 años trabajando en el cultivo de las flores. Siempre comienzan las jornadas con ejercicios de calistenia, algo que muchas de las empresas han implementado para tratar de contrarrestar la alta tasa de accidentalidad y de enfermedades laborales que se presenta en ese sector.  La floricultura requiere de mucha repetición y de jornadas largas, lo que va en detrimento de la salud de las trabajadoras.

En el cultivo, a los trabajadores y las trabajadoras se les asigna una tarea diaria. Estas son cada vez más exigentes. Pero muchas veces, a mitad de turno, los supervisores las llaman para que hagan otras labores, descuidando así las funciones que inicialmente tenían asignadas. Esto les retrasa sus tareas y en ocasiones se presta para que los promedios les bajen y de esta manera reciben amonestaciones verbales de sus jefes.

Eso es lo que cuenta Doña Rosa que le sucede a ella. Ella es la responsable de que las camas que le asignan estén en buen estado, pero dice que a veces ellas comunican de algún problema en las mismas, plagas, por ejemplo, y los encargados no hacen nada, pero a quienes les reclaman son a ellas, sin tener culpa.

Ella tiene muy clara sus funciones, por ejemplo, dice que cuando están en corte, las flores deben estar organizadas en tabacos. Cada tabaco tiene 80 flores y estas deben estar cortadas de acuerdo a las indicciones que les hayan dado. Deben ser rápidas en la labor porque permanentemente están recibiendo presión. Además, tienen que marcar muy bien los tabacos, so pena de que si se equivocan les llamen la atención por ello.

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Las condiciones laborales de la empresa donde trabaja

Las condiciones en Mercedes no son las mejores. En 2015 un grupo de trabajadoras se afiliaron, pese a las dificultades para hacerlo, a una organización sindical. Los pocos beneficios dados por el pacto colectivo y el engaño que veían en él fueron las razones para que buscarán a la Organización Nacional de los Obreros Trabajadores de la Floricultura Colombiana, ONOF. Por esos mismos días presentaron un pliego de peticiones, el mismo que la empresa se negó en su momento a negociar.

Llevo más de 20 años trabajando en esta empresa, entregué mi juventud, mis mejores años, mi salud, mis sueños y deseos quedaron en eso, sueños y deseos; no pude estudiar, con mi trabajo a lo largo de estos años me hice a mi casita, tuve mis hijos. Hoy que estoy enferma de mis manos y de mi hombro, la empresa sin dársele nada me dice que no sirvo, que estoy muy lenta y está buscando una excusa para sacarme”. Ese era uno de los testimonios de ese entonces. Lo dio una compañera de Rosa al portal Prensa Rural.

La misma nota recogía la persecución sindical de la que eran víctimas Rosa y sus compañeras. Las trasladaron de sus puestos habituales de trabajo y les hacían cuestionamientos sobre el pliego de peticiones. Rosa aún recuerda la situación, dice que estaban pendientes de ellas, con quienes conversaban para preguntarles a esas personas si se iban a afiliar al sindicato y quizás para hablarles mal de la organización y decirles que no se afiliaran. Muchas mujeres, pese a las condiciones, no se afiliaron por temor. 

Rosa reconoce que son pocas las que quedan en el sindicato, pero dicen que están firmes. Saben las bondades de estar organizadas porque han aprendido a defender sus derechos y saben que no se tienen que quedar calladas, a pesar de ser humildes, ante las condiciones desfavorables de sus trabajos. Rosa recuerda que no tenían casino para su alimentación y que fue gracias a la lucha del sindicato que lo lograron conseguir.

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Los cultivos de flores y el Covid

Con la llegada de la pandemia los trabajadores de los cultivos de flores vieron aún más diezmados sus derechos. Muchas empresas del sector, pese a que estaban dentro de las exenciones del decreto presidencial, suspendieron a los trabajadores y cambiaron la modalidad de los contratos en detrimento de los beneficios que tenían. Argumentaron que las exportaciones se habían reducido.

Los trabajadores que se vieron más afectados fueron los tercerizados. A ellos las empresas les suspendieron los contratos y los enviaron a sus casas sin ningún tipo de garantías.

Pero la situación poco a poco se fue normalizando y las ganancias de los empresarios fueron similares a años anteriores. Los que más perdieron fueron los trabajadores, muchos de ellos estuvieron varias semanas, incluso meses, en sus casas sin salario y sin saber cuándo iban a retomar sus labores.

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Doña Rosa seguirá unos años más cortando flores y terminando de pagar su casa. Su salud, por el momento no se ha visto afectada por los trabajos y espera que siga siendo así. En cierto modo ha contado con suerte y de eso se siente afortunada. Seguirá madrugando y dando lo mejor de sí para la empresa y para su familia.

Después de que sale de su jornada laboral hace alguna diligencia y luego regresa a su casa a las rutinas del hogar. A eso de las 8 ó 9 de la noche está en su cama descansando para nuevamente empezar la rutina al otro día a las tres y media de la mañana para que las flores lleguen frescas a quienes las reciben.

A Doña Rosa le gustan las flores. Cualquiera que le den está bien, pero dice que tiene preferencia por las rosas. Ella seguirá esperando que, en un San Valentín, fecha en la que más trabajo y ventas tienen, la empresa les dé un ramo de flores como agradecimiento por su esfuerzo.    

*Nombre cambiado

*Los Centros de Atención Laboral es un proyecto implementado por la Escuela Nacional Sindical y financiado por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (USDOL).

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