Inflación y proceso electoral. Por quién no votar este 29 de mayo

Imagen de referencia tomada de elturbion.com

La inflación ha aumentado este año y los colombianos cada vez tienen menos dinero para comprar sus productos y servicios

Por Carlos Julio Díaz Lotero

Desde el año pasado la inflación viene subiendo de manera incontrolada, en los 4 primeros meses del año 2022 ya alcanza 5,66% y la variación anual 9,23%. Si bien existe una aparente preocupación de las autoridades, y una más real de muchos economistas y organizaciones, lo que ha faltado es un análisis sistemático de la economía colombiana en los últimos 30 años, y una evaluación integral de las verdaderas causas de la inflación. Las medidas que se han tomado como las reducciones arancelarias por parte del gobierno no han dado resultados y el incremento de las tasas de interés por parte del Banco de la Republica nos inducirán a una recesión sin ningún efecto en el control inflacionario.El gobierno y el Banco de la Republica dan saltos de una medida aislada a otra, sin debida consideración del efecto de éstas en el conjunto del proceso económico y monetario. Se requiere un enfoque global que aborde el problema de la inflación desde su causa primaria, tanto a corto como a largo plazo.

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La pandemia que obligó a los confinamientos en el 2020 golpeó la producción creando una contracción de la demanda y de la oferta de bienes y servicios. Muchas actividades se suspendieron como el transporte, comercio, el turismo y hotelería, actividades de entretenimiento, construcción, sector automotriz, se demandó menos tela, ropa, zapatos, y otros bienes; por tanto, menos demanda de gasolina y de petróleo al reducirse el consumo de estos insumos para al transporte y el sector petroquímico. La contracción de la demanda por la pérdida de empleos, ingresos y el cierre de parte de la economía se tradujo en una baja tasa de inflación durante este año.

El levantamiento de las restricciones y el regreso paulatino a la normalidad, más los estímulos fiscales que se dieron en la mayoría de los países, especialmente en los desarrollados, apoyan la recuperación de la demanda y jalona la reactivación de la producción; la gente vuelve a los centros comerciales, a los restaurantes, a los teatros, empiezan los viajes, aumenta el consumo de gasolina, petróleo y gas natural para mover la economía.

Pero la pandemia afectó las cadenas globales de suministros, pues la globalización creo un sistema de producción en donde los bienes como los carros, las computadoras, las telas y los vestidos, los alimentos, los fertilizantes, y demás productos, no se producen en un país, sino que se producen por partes en todo el mundo. Los puertos parcialmente cerrados, los barcos sin poder zarpar, y los trabajadores portuarios muchos incapacitados crearon una crisis de contenedores que incrementaron los fletes por 10; los precios de los energéticos se multiplicaron por 4, y los de los fertilizantes se triplicaron, en parte por un crecimiento especulativo de los activos financieros en el mercado de bienes primarios. En momentos de inestabilidad y de incertidumbre las inversiones se refugian en activos que se consideran más seguros como el oro, el petróleo, el gas y el carbón. 

Aun no superamos la pandemia del COVID que sigue complicando la economía, cuando los intereses geopolíticos globales desencadenan una intervención militar de Rusia en Ucrania, lo que provoca sanciones de occidente trastornando nuevamente los mercados de energía y materias primas. La guerra en Ucrania, a su vez, interrumpe el suministro de trigo, cebada, maíz, aceite de girasol, fertilizantes, concentrados, entre otros, presionando una mayor inflación en los precios de los alimentos. Y como colofón de todo esto la política de cero COVID de China ejerce aún más presión sobre las cadenas de suministro.

En síntesis, el proceso inflacionario que vivimos en nuestro país es un fenómeno internacional por las disrupciones en las cadenas globales de suministros, que junto con la especulación de activos financieros en el mercado de bienes primarios explican el crecimiento de precios de los combustibles fósiles, y por tanto de los bienes derivados como la gasolina, que tiene impacto en el transporte de alimentos y de personas; aceites para actividades relacionadas con el transporte y tareas industriales de manufactura y procesamiento; las pinturas, aditivos para recubrir superficies y material impermeabilizante; asfalto usado en el acondicionamiento de las vías terrestres para el normal tránsito vehicular y de carga; gas butano y propano que tienen aplicaciones en la industria cerámica, metálica y de alimentos; la industria petroquímica que suministra telas sintéticas, plásticos,  cauchos, gomas  látex, detergentes, blanqueadores, purificadores, desinfectantes, etc.

La desindustrialización que nos ha dejado más de 30 años de políticas neoliberales, nos ha vuelto vulnerables por la gran dependencia que tenemos de la importación de la mayor parte de estos bienes derivados del petróleo y otros combustibles fósiles necesarios para la producción interna de bienes industriales y productos agropecuarios, estamos importando un proceso inflacionario internacional que se agrava por la política cambiaria que tiene altamente devaluada nuestra moneda.

Hoy lamentamos las privatizaciones y ventas de empresas estatales como la de Monómeros que fabricaba insumos agrícolas para el país, y los tratados de libre comercio que debilitaron el sector manufacturero y tienen menguada la producción agropecuaria de alimentos para el consumo interno.

La devaluación es causada por una política cambiaria que deja el valor de la moneda a los vaivenes especulativos del mercado, el incremento en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, y por un déficit en la balanza comercial que en el año 2021 fue de 15.424,8 millones de dólares. Este déficit fue producto de unas importaciones de bienes y servicios por valor de 56.648,8 millones de dólares y unas exportaciones por 41.224 millones de dólares. Las políticas neoliberales de libre comercio nos han llevado a unas relaciones cuasi coloniales, en donde exportamos bienes primarios e importamos bienes elaborados. Colombia importó en 2021 manufacturas por valor de 47.082,3 millones de dólares, el 77,4% del total de las importaciones, mientras que las importaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas fueron por 9.003,6 millones de dólares, el 14,7% del total, y las del grupo de combustibles y productos de las industrias extractivas fueron de 4.930,6 millones de dólares. Las exportaciones de Colombia están representadas por combustibles y productos de las industrias extractivas, que sumaron 19.685,5 millones de dólares (48% de total de las exportaciones), las exportaciones de productos agropecuarios (flores, banano, café, cacao, aguacate Hass, etc.), fueron de 9.440,3 millones de dólares (23%), mientras que las del grupo de manufacturas totalizaron 8.938,9 millones de dólares (21,7%). El 78,3% de lo que exportamos son bienes primarios y solo el 21,7% manufacturados, a su vez el 77,4% de las importaciones del país son bienes manufacturados y casi el 15% alimentos. ¿No es esto una relación comercial internacional de tipo colonial?

La devaluación de nuestra moneda tiene en suma tres causas: el libre comercio en la política cambiaria, el déficit comercial producto de que gastamos más dólares en las importaciones que los dólares que nos ingresan por exportaciones, y por el incremento de las tasas de interés en los EE.UU. que promueve una fuga de capitales al no existir control de cambios y de capitales en nuestro país.

Estas políticas desacertadas de los gobiernos que van de Virgilio Barco a Iván Duque son las responsables de la inflación, no los incrementos del salario mínimo, y mucho menos el ejercicio del derecho de protesta que se expresó el año pasado en el paro nacional.

¿Queremos dar continuidad a estas políticas o realmente queremos un cambio que resuelva las causas coyunturales y estructurales responsables de la inflación que hoy carcome nuestros salarios y mesadas pensionales? ¿Queremos seguir importando inflación y exportando empleos o queremos un cambio radical en la política económica para fortalecer la producción nacional y el mercado interno? ¿Queremos seguir con empleos precarios y exportando mano de obra barata o queremos una política pública de trabajo decente para una vida digna en nuestro país?

Para empezar a cambiar en la dirección correcta, debemos votar masivamente el próximo 29 de mayo y votar bien. De los candidatos con más opción en las encuestas, el que representa la continuidad en las políticas que crearon esta tragedia nacional es Federico Gutiérrez.

La invitación que hago desde esta tribuna de opinión es a votar por cualquiera de las propuestas que representan un cambio, no por la propuesta responsable de la inflación, del desempleo, del empleo precario, de la pobreza, del hambre, y la desigualdad.

¡Otra Colombia es posible!

Carlos Julio Díaz Lotero

Carlos Julio Díaz Lotero es Contador Público de la Universidad de Medellín. Especialista en Planeación urbano regional de la Universidad Nacional. Ex – presidente de la CUT Antioquia. Actualmente es Director Encargado de la Escuela Nacional Sindical

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