En 2017 los salarios en el mundo fueron los más bajos en diez años

(Imagen de referencia tomada de OIT)

En América Latina y el Caribe los salarios reales en 2017 crecieron por debajo del 1%, mientras que en Colombia prácticamente se encuentran estancados, como lo muestra la información del DANE.

Por Carlos Julio Diaz Lotero. Analista ENS

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó recientemente su último Informe Global de Salarios, en el que manifiesta: “El crecimiento mundial de los salarios en 2017 no solo fue menor que en 2016, sino que registró la tasa de crecimiento más baja desde 2008”.

El informe señala que los salarios a nivel global cayeron de 2,4% en 2016 a 1,8% en 2017. Pero si se excluye a China, la disminución pasa del 1,8% al 1,1% en el mismo año. También revela que en Estados Unidos los salarios reales crecieron 0,7%, en Europa (excepto en Europa Oriental) prácticamente no crecieron como en Alemania y Francia. Incluso en Italia y España en términos reales disminuyeron, mientras que los  trabajadores de Asia y el Pacífico tuvieron el crecimiento de los salarios reales más alto de todas las regiones, con un 3,5%.

En los países emergentes y en desarrollo del G-20, los salarios crecieron 4,3%,  debido principalmente a los países que hacen parte del proceso “Iniciativa de la Franja y la Ruta” que viene liderando la República Popular China, país éste que por su gran población y rápido crecimiento salarial tiene fuerte incidencia en la media mundial de los salarios.

Son 60 los países que oficialmente hacen parte del proyecto de la nueva ruta de la seda, los cuales tienen el 75% de las reservas energéticas del mundo, el 70% de la población global y la mitad del PIB mundial. Es decir, China y sus socios de este gran proyecto impidieron la debacle salarial.

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En América Latina y el Caribe los salarios reales en 2017 crecieron por debajo del 1%, mientras que en Colombia prácticamente se encuentran estancados, como lo muestra la información del DANE, donde la masa salarial mantiene su participación en un 33% en promedio del ingreso nacional durante los últimos 10 años.

El informe también señala que el crecimiento de los salarios está rezagado en relación con el crecimiento de la productividad laboral en 52 países de altos ingresos.

Entre 1999 y 2017 la productividad laboral aumentó 17%, mientras que los salarios reales lo hicieron el 13%. En términos generales, la desarticulación entre salarios y productividad de la mano de obra explica por qué en muchos países la participación de los salarios en el PIB sigue estando considerablemente por debajo de los valores registrados a principios del decenio de 1990, algo muy  similar a lo ocurrido en Colombia.

Por otra parte, un estudio de Aid Data de la Universidad de William y Mary sobre “Proyectos chinos de infraestructura y la difusión de la actividad económica en los países en desarrollo”, concluyó que, a diferencia de la desigualdad resultante en muchos de los proyectos de inversión occidentales en el sector en desarrollo, los proyectos chinos de desarrollo en general, y los de transporte en particular, reducen la desigualdad económica dentro de las localidades subnacionales y entre las mismas, y producen efectos económicos secundarios que llevan a una distribución más equitativa de la actividad económica”. Este estudio lo financió Naciones Unidas, el Ministerio de Educación de Singapur, la Agencia para el Desarrollo USAID de EU, y algunas fundaciones de Estados Unidos y de Europa.

El modelo Chino ha sacado de la pobreza a 800 millones de personas y está llevando el proceso al resto del mundo a través de su “Iniciativa de la Franja y la Ruta”, mientras que Estados Unidos, la Unión Europea, y de manera particular los tres países motores de su desarrollo que son Alemania, Francia y el Reino Unido, padecen una tremenda descomposición económica y un franco deterioro salarial, que hoy se expresa en la inconformidad social y en el caos político que los golpea.

La realidad muestra que los señalamientos neoliberales sobre las “trampas de la deuda” y el “imperialismo” chino son un vulgar fraude, y que solo los que sufren de ceguera ideológica pueden defender el modelo occidental de libre comercio y especulación financiera del FMI y el Banco Mundial, que hoy se desmorona.

El mundo necesita un nuevo sistema financiero y crediticio internacional que no sea parasitario de la economía, sino que promueva su desarrollo,  el progreso científico y el bienestar de la sociedad. El énfasis debe estar en fomentar la economía real (manufacturas, agropecuario, transporte, energía, minería sostenible, infraestructura) y no el saqueo del aparato productivo, de los sistemas de seguridad social, y de los derechos y salarios de los trabajadores.

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Colombia, en vez de estar buscando el mejor camarote en el Titanic en que se ha convertido el sistema financiero internacional, debería subirse en el ferrocarril del desarrollo al que nos está invitando China.

El concepto central de la globalización neoliberal en crisis es la competitividad, y ésta la han fundamentado en lo que técnicamente se denomina el “dumping social de mano de obra barata”. Este ha sido el propósito de las reformas laborales regresivas y de toda la política de ilegalidad laboral que han implementado en Colombia.

¿Tendrá el presidente Duque la estatura moral para revertir esta tendencia de la globalización, implementando una política de formalización laboral y de incrementos  reales de los salarios para mejorar la capacidad de compra de los trabajadores y sentar las bases para un programa de recuperación económica?

¿Tendrá el presidente Duque la capacidad de entender las alternativas al moribundo sistema financiero que hoy propone la iniciativa “Una Franja, una Ruta”?

Las negociaciones del salario mínimo son una oportunidad para empezar a reconstruir nuestro país después de los estragos en que lo han dejado 30 años de políticas neoliberales, que les apostaron a los mercados externos destruyendo el mercado interno. El salario mínimo y los salarios en general deben crecer en términos reales, el empleo debe formalizarse atacando la ilegalidad laboral y creando oportunidades de empleo mediante la reorientación del desarrollo hacia la economía productiva, la ciencia y la creatividad humana.


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