Negociación Aspudea-Universidad de Antioquia

Un buen precedente para las relaciones laborales de profesores de cátedra universitaria


En realidad, no fueron muchos los beneficios logrados por los profesores de cátedra de la Universidad de Antioquia, representados por Aspudea, en la reciente negociación de su pliego de solicitudes. Pero a juicio de Ramiro H. Giraldo, presidente de esta organización sindical, su importancia radica en que creó un precedente y un referente en las negociaciones laborales de los profesores de cátedra de las universidades públicas, donde se calcula trabajan cerca de 80 mil docentes bajo esta modalidad.

La negociación, que se inició el 27 de junio y se extendió durante 40 días, no se dio de manera concertada entre ambas partes, sino que fue efecto de una acción de tutela que Aspudea interpuso contra la rectoría de la U. de A. ante su negativa a negociar el pliego de solicitudes que El sindicato presentó desde el año 2014, en el marco del Decreto 160 de negociación colectiva en la administración pública. El juez de tutela favoreció a los docentes de cátedra en la protección de sus derechos sindicales.

Integrantes de la comisión negociadora de Aspudea.
Integrantes de la comisión negociadora de Aspudea.

 

De tiempo atrás la U. de A. ha venido implementado la figura de profesor de cátedra, al punto que hoy su número en todas las facultades asciende a unos 6 mil, frente a 1.200 docentes de planta y 450 ocasionales. Es decir, cerca del 75% de la contratación docente se hace con la modalidad hora-cátedra.

“Se trata de una estrategia financiera de la Universidad, porque lo mismo que cuesta un profesor de planta, cuestan 4 profesores mal llamados de cátedra”, indicó Ramiro H. Giraldo, quien explicó que bajo la modalidad hora-cátedra la mayoría de docentes solo recibe salario 8 meses del año, tiempo de duración real de dos semestres académicos. Por los otros 4 meses no reciben salario y también quedan desvinculados de la seguridad social, y sin derecho a vacaciones. Y cuando hay paros estudiantiles, lo cual en la U. de A. es algo frecuente, tampoco reciben pago alguno.

Por otra parte, los profesores hora-cátedra están en desventaja frente a los docentes de planta. En cuanto a estabilidad, no tienen certidumbre sobre la renovación de sus contratos; en su mayoría tienen a cargo uno o dos cursos, mientras que los docentes de planta, a parte de los cursos asignados, pueden realizar actividades de investigación y extensión con una dedicación de 40 horas semanales.

De ahí que el pliego que presentó Aspudea para la negociación partió de exigir para los profesores de cátedra condiciones laborales similares a las de los docentes de planta, en cuanto a participar en actividades de investigación y extensión, acceso a becas para maestrías y doctorados, mejor estabilidad laboral y salarios más dignos, bajo el principio de que “a trabajo igual, salario igual”.

En la mesa de negociación participaron unas 30 personas, representando a ambas partes, con el acompañamiento de los delegados de los Ministerios de Trabajo y Educación, y un delegado de la CUT Antioquia que asesoró al sindicato.

 

Lo acordado en el acta


Como lo estipula el Decreto 160 de negociación colectiva en el sector público, el acta que firman las partes al final incluye acuerdos y desacuerdos. En el caso de la negociación de los profesores de cátedra de la U. de A., como era de esperarse, hay más de los segundos que de los primeros.

El acta firmada consta de 22 puntos. Entre los acuerdos, lo más destacable, según el presidente de Aspudea, es que la U. de A. reconoció la existencia del sindicato como vocero legítimo de los profesores de cátedra, algo que había sido imposible en los tres años que lleva de creada esta organización. Tanto así que se necesitó una tutela fallada a su favor para que la Universidad se viera obligada a sentarse a negociar las solicitudes de los profesores de cátedra.

Ese reconocimiento implica la asignación de un local para la oficina del sindicato en el interior de la ciudad universitaria; un auxilio sindical equivalente a 25 salarios mínimos legales, lo mismo que algunas prerrogativas para la capacitación sindical y el desarrollo de la organización de los profesores de cátedra.

Otro logro de la negociación es el compromiso que adquirió la U. de A. para garantizar la participación de todos los profesores en sus órganos directivos, independientemente de que su vinculación sea de planta, ocasional o de cátedra. “Es muy importante este punto porque los profesores mal llamados de cátedra nunca han sido tenidos en cuenta en los órganos de dirección. Eso obliga a remodelar los estatutos universitarios para que haya una democracia más participativa”, opinó Ramiro H. Giraldo.

En estabilidad laboral también hubo algún avance, ya que son frecuentes los casos de profesores a los que no se les renueva el contrato o son expulsados sin el debido proceso. Se aceptó mayores garantías en el proceso de evaluación de los profesores de cátedra. “Esto para que no haya desvinculaciones por politiquería y clientelismo”, anotó el directivo sindical.

En el tema de la estabilidad laboral también hubo acuerdo, en el sentido de que la evaluación del profesorado de cátedra ha estado atravesada por la arbitrariedad, señaló Giraldo, lo que ha provocado el despido de profesores de cátedra sin el respeto del debido proceso. Ahora éstos tienen la opción de la autoevaluación, algo que antes no se les reconocía.

También Aspudea logró un acuerdo para que los profesores de cátedra y los ocasionales gestionen sus cesantías con el Fondo Nacional del Ahorro, de modo que puedan hacerse a préstamos para vivienda, educación y recreación, indicó el presidente de la organización sindical.

 

Los desacuerdos en el acta


Los desacuerdos en la negociación giraron en torno al tema más “grueso” en discusión: la formalización laboral, que es la petición principal de los docentes de cátedra, no solo en la U. de A. sino en otras universidades del país donde éstos se sienten discriminados.

Hoy la U. de A. es la institución universitaria que más profesores de cátedra contrata para atender sus programas académicos, con el argumento de que esta es una figura legal, y además no le es posible contratar de manera formal a sus profesores de cátedra.

Aspudea, por su parte, sostiene que a la U. de A. se le ha ido la mano en la contratación de docentes hora-cátedra, y pide que se invierta la ecuación: que los profesores de planta sean mayoría, y no apenas el 20%, como sucede hoy.

El otro punto de discrepancia se dio en torno al valor de la hora-cátedra, el cual depende de cómo esté escalafonado el docente, en una tabla que va de uno a 10. Según Aspudea, la gran mayoría de los docentes de cátedra están por debajo de la categoría 6, son pocos los que se encuentran en las categorías altas.

La Universidad se negó a aumentar del valor de la hora cátedra alegando imposibilidades financieras. Mantuvo su valor de $15.600, que es de los más bajos que se pagan en los centros de educación superior de Medellín. El sindicato propuso que este valor fuera $16.280, que, según sus cálcalos, es el valor real de la hora-cátedra. Pero la universidad no aceptó.

“No es posible contratar de planta a todos los profesores de cátedra, por lo cual la institución está analizando alternativas para repartir la demanda de docencia, investigación y extensión entre un número determinado de profesores”, explicó a su vez el rector de la institución, Mauricio Alviar.

Tampoco reconoció el pago de las horas que los docentes de cátedra precisan para preparar clases y realizar evaluaciones. Los profesores de cátedra sí tienen esa prerrogativa: por cada hora de clase dictada tienen dos para prepararla y hacer la evaluación de sus estudiantes.

En conclusión, la negociación de la U. de A. con sus profesores de cátedra dejó en evidencia la necesidad de que el Gobierno Nacional aborde el tema de la formalización laboral entre el personal docente de las universidades públicas. Se requiere más apoyo financiero y un nuevo marco normativo.

Otro hecho positivo que deja esta negociación y la manera como se desarrolló, es que los profesores de cátedra de la U. de A. se están acercando al sindicato, cuando antes no lo hacían por timidez, desidia o temor a las represalias que su afiliación les pudiera acarrear. En otras palabras: no creían en el sindicato. Ahora han empezado a creer en él.

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