La población afrocolombiana sufre mayor déficit de trabajo decente y exclusión laboral

—Según estudio realizado en Cartagena, Buenaventura, Cali y Medellín— 

Más allá de la retórica triunfalista, de los discursos académicos, de los avances jurídicos y las construcciones de políticas públicas incluyentes, las condiciones laborales de miles de trabajadores afrocolombianos continúan siendo dramáticas. Es la principal conclusión del estudio de la Escuela Nacional Sindical sobre condiciones laborales y déficit de trabajo decente en esta población específica, adelantado en Cartagena, Buenaventura, Cali y Medellín, y plasmado en un libro de reciente publicación.

El estudio se hizo de acuerdo con los indicadores de trabajo decente construidos a partir de una muestra representativa en estas 4 ciudades. Si bien no permite establecer conclusiones para toda la población negra, sí ofrece elementos claves para interpretar y visibilizar sus malas condiciones de vida y exclusión laboral, más precarias incluso que las que padecen los trabajadores no afro; y además con mayor grado de invisibilidad.

En la normatividad laboral formal en Colombia no se reconocen formas explícitas o directas de discriminación o exclusión por razones étnico-raciales, pero ello no quiere decir que ya superamos la histórica marca del racismo en el campo laboral, porque nada está más lejos de la realidad. El estudio de la ENS permite corroborar la existencia y continuidad de múltiples formas y procesos de discriminación y exclusión hacia la población afrodescendiente, sutilmente invisibles y generalizados en la vida cotidiana, asociadas al color de la piel.

Frases como: “un blanco con bata blanca es un médico, y negro con bata blanca es en vendedor de paletas”, o “trabaja tan duro como negro”, son, entre muchas otras, expresiones generalizadas por el sentido común y el humor popular, que aluden a formas precarias de trabajo y explotación, e incluso justifican las vulneraciones a los derechos de la población afro, al punto que informalidad laboral y afros parecen conceptos sinónimos, justificaciones a las que se acude para borrar e ignorar la memoria histórica de sometimiento y exclusión hacia la población negra.

Otra conclusión del estudio es la escasa preocupación por el tema del trabajo para las comunidades y grupos afrocolombianos, que se observa en el sector oficial y la academia. Con excepción de algunos estudios realizados en la Universidad del Valle, en las demás ciudades es notable el desinterés y poca producción académica frente al tema. E incluso el desinterés abarca a los movimientos de reivindicación de derechos de la población negra, cuya pregunta por lo laboral no ha sido muy contundente. En ocasiones preocupa la reproducción de visiones que tienden a observar al sujeto afrocolombiano del lado de los asuntos de folclore, el deporte, la mitología africana, etc., donde la pregunta por la identidad termina desplazando aspectos gruesos de los derechos económicos sociales y culturales, como el derecho al trabajo decente.

Y en el movimiento sindical nacional el tema es aún más invisible, pese a que las ciudades estudiadas presentan importantes protagonismos y presencia de la población afro en las organizaciones sindicales.

Situación de los afros en la economía formal

“Antes de ser docente en la Universidad, María tránsito por todo tipo de empleos: desde empleada doméstica (donde a cambio de su trabajo recibió ayuda para estudiar), vendedora ambulante por catálogos, cocinera en un pequeño negocio, secretaria en una farmacia (sin ningún contrato pero con permiso para salir una hora antes y asistir a la universidad), e incluso instructora de danza. Con una sonrisa irónica dice que siempre sintió que en todos esos empleos era la persona más calificada profesionalmente, pero aun así su remuneración era de las más bajas. Hoy está convencida que a la gente negra, sin que importe su grado de preparación, le toca esforzarse el doble si quiere conseguir un empleo medianamente decente. Pero sobre todo reconoce que su gente prefiere permanecer en silencio y valorar el empleo que tienen, por precario que sea, porque sienten pánico al miran hacia abajo, hacia los que no han logrado nunca conseguir un trabajo formal. Ella misma ha tenido que empezar a hacer público su doctorado, su dominio de otros idiomas y su alta experiencia investigativa, porque algunos de sus mismos compañeros creen que ella está en la universidad, no por sus capacidades, sino por ser una cuota étnica” (Testimonio tomado del estudio).

En el sector formal de la economía los trabajadores afro están ubicados en niveles inferiores, así su calificación profesional esté a la par de los demás, o incluso superiores en algunos casos. Reciben ingresos más bajos y trabajan más horas extras sin recibir compensación legal. Y para las mujeres es recurrente el desconocimiento de derechos fundamentales en el trabajo, y se presenta mayor vulneración en el tema de la maternidad y el embarazo. Un dato muy indicativo, es que en los negros tienda a ser más alta la satisfacción con el trabajo que tienen, lo mismo que el temor a perderlo.

El 39,8% de la población afro consultada para el estudio pertenece al estrato socioeconómico 2, el 28,6% al 1, el 27,3% al 3, el 3,5% al 4, y el 0,9% al 5. El 68,4% tiene hijos y el 63,1% tiene 2 o más. El 28,3%, aparte de laborar, estudia, y de éstos el 35,4% tiene estudios universitarios incompletos, el 16,9% posgrado incompleto, y el 15,4% estudios técnicos o tecnológicos incompletos.

El 68% trabaja como obrero o empleado de empresa particular, el 26% obrero o empleado del gobierno, y el 3% en el empleo doméstico. Así mismo se encontró que el 89% tiene un trabajo permanente, el 6,5% ocasional y el 3,9% estacional. El 37,3% tiene contrato a término fijo: hasta 6 meses el 48,2%, entre medio y un año el 51,8%, y a término indefinido el 62,7%.

En la actividad económica de servicios comunales, sociales y personales labora el 68,4%; en comercio, hoteles y restaurantes el 10,3%. Es decir, cerca del 84% se desempeña en el sector terciario de la economía, un 13% en el sector secundario, y el porcentaje restante en el sector primario. El 54,1% labora entre 25 y 48 horas semanales, el 23,2% hasta 24 horas semanales, el 11,6% entre 49 y 56 horas, y el 11,2% más de 56 horas semanales.

El 94,4% de quienes laboran en la economía formal tiene contrato laboral: el 91% escrito y el 9% verbal. El 43,3% gana entre uno y dos salarios mínimos, el 13,9% más de dos y tres salarios, el 12,6% más de tres. Sin embargo preocupa que el 29% de la población encuestada reciba hasta un salario mínimo, si tenemos en cuenta que ésta es la población que tiene bajo su responsabilidad a miembros de su familia. El 64,1% de los trabajadores tiene hasta dos personas a cargo, el 31,2% entre 3 y 5; y el 4,8% tiene 6 o más.

Además, el 48,3% señaló que su remuneración no cubre gastos de alimentación, vivienda y servicios. Para paliar esta situación el 15,5% tiene un segundo empleo, y de éstos el 31,4% lo hace para cubrir sus gastos de sostenimiento, el 65,7% para complementar sus ingresos, y 11,4% para ocupar su tiempo libre.

Sobre el cumplimiento de las prestaciones sociales derivadas del contrato laboral, se encontró que el 38,2% no tiene derecho a vacaciones pagadas, el 28,2% no recibe prima de navidad, y el 29% tampoco recibe el auxilio de cesantía.

Por posición ocupacional, tenemos que el 40,6% de las personas encuestadas se desempeña como auxiliar operativo, el 19,2% en servicios generales/oficios varios, el 12,4% como docente, el 9,8% como jefe o coordinador, el 7,7% como ejecutivo; el 5,6% como asistente, y el 3% es directivo.

En afiliación a salud se encontró que del total de trabajadores formales encuestados, el 5% no está afiliado a ningún régimen de salud, el 89,3% cotiza al régimen contributivo, el 7% en el régimen subsidiado, y el 2,8% en el contributivo como beneficiario. En protección pensional tenemos que el 85% se encuentra afiliado, frente al 15% que no lo está.

En el tema de la discriminación, el 21% de los afros de la economía formal manifestó haber sido víctima de discriminación en el trabajo. Las formas en que ésta más se manifiesta son: discriminación en salarios y tipo de contratos, seguida de los malos comentarios y los insultos, y la no selección para un trabajo por el color de piel. En este sentido se encontró que el 22,6% tuvo discriminación por la edad, el 8,6% por el género, el 8,6% por la condición socioeconómica, el 13,3% por el grupo étnico, el 6,6% por la orientación sexual, el 12,3% por discapacidad física o mental, el 5,7% por el lugar de procedencia o nacimiento, el 2,9% por las creencias religiosas, el 9,4% por el lugar donde vive, el 3,8% por diferencias salariales, el 4,8% por ser sindicalista.

Situación de los afros de la economía informal

La Mati tiene más años que arrugas, como ella misma se describe. Si contabilizara en kilómetros sus recorridos diarios vendiendo todo tipo de cosas, alcanzaría para darle la vuelta varias veces al país, señala con tono sarcástico. Ha cambiado cientos de veces de oficio, unas veces porque el dinero que ganaba no se compadecía con el enorme esfuerzo que hacía, otras porque le aburría disfrazarse y que le tomaran tantas fotos con gringos extraños, y a veces porque la policía o algún señorito elegante no la dejaban tener vida. Vive bastante lejos de su trabajo actual, se queda dormida en el bus casi todos los días de regreso a su casa, pero disfruta ver a sus nietos ahora hechos todos unos jovencitos universitarios. A sus 66 años, sin una pensión y con algunas dolencias, reconoce que lo único que le puede asegurar su retiro laboral son las dificultades de salud que empiezan a amontonarse en su cuerpo, pero confía que sus nietos le ayuden con las obligaciones de su casa”. (Testimonio tomado del estudio).

En el campo de la informalidad, las condiciones laborales de los y las trabajadoras afros son aun más preocupantes, con indicadores profundos de precariedad laboral. Hay una generalizada inexistencia de condiciones de seguridad social, una marcada desprotección en salud y pensiones, un desolador panorama en materia de ingresos, nivel educativo, número de hijos, composición de los hogares, lugares habitacionales, zonas de residencia y maltrato social.

Gran parte de los trabajadores se encuentran por debajo de la línea de pobreza, y sin mayores expectativas para superar ese estado. Son los destinarios del mayor número de agresiones, tratamientos discriminatorios en instituciones oficiales (policía, hospitales, espacio público, entre otros), habitan en barrios y lugares marginados sin garantías de servicios públicos, infraestructura y movilidad. Además de este preocupante panorama se observa una tendencia sociocultural a naturalizar la informalidad como su condición connatural, con incrementos significativos en programas asistenciales y escazas preocupación políticas para construir estrategias de incorporación laboral en escenarios formales.
Del total de la población afro de la economía informal encuestada, el 47,9% pertenecen al estrato 1, el 28,5% al estrado 2, el 21,5% al estrato 3, y el 2% al estrato 4. El 83% no estudia y del 17% restante sólo el 15% lo hace en el nivel universitario, el 10% en el técnico, el 6% en secundaria, y el 4% en la media.

Aunque se muere de la ganas de estudiar, es el tercer año que Ferney, de 13 años de edad, se ve obligado aplazar la escuela, le ha tocado guardarse su interés para dedicarse a vender todo tipo de mercancía barata en el centro de Medellín, pues en su casa son seis personas y solo su madre tiene un trabajo aceptable, como el mismo lo califica: es empleada de servicios generales (aseo) en una importante empresa de la ciudad. Ocasionalmente algunos de sus cuatro hermanos lo apoyan en su trabajo, aunque él en su papel de hermano mayor procura que ellos estén estudiando, a ver si tienen mejores oportunidades. Él no se queja, agradece siempre los pesos que consigue para su casa y cree, con un convencimiento cada vez más diluido, que en algún momento las cosas pueden cambiar. Pese a que se lo han propuesto muchas veces, no ha querido trabajar en asuntos ilícitos. Dice que cuando se es negrito y pobre la gente cree que está hecho para robar. Reconoce que la ciudad es dura, sobre todo porque ser negro es comparativamente desventajoso, incluso con otros vendedores ambulantes. Pero eso no lo abruma, la policía se la tiene velada, pero él sabe muy bien cómo sacarle el quite a las adversidades. Nada de nervios, es su consigna. (Testimonio tomado del estudio).

El 63,7% de los trabajadores informales afro son por cuenta propia, situación compleja puesto que, en términos generales, no son beneficiarios ni siquiera de las garantías mínimas que un trabajo en condiciones decentes debe ofrecer. Algunas de las explicaciones que dieron para trabajar como cuenta propia fueron: 24,2% no había encontrado trabajo nunca, 8,1% porque lo despidieron del empleo anterior, 23,8% porque ganaba más que como empleado, y 12,6% por la edad.

Sus principales actividades económicas son: comercio, hoteles y restaurantes 43,7%, y servicios comunales, sociales y personales 41,2%.

Al indagar sobre su satisfacción con el trabajo que realizan, el 24% dijo no sentirse satisfecho. Singularmente cerca del 67% manifestó satisfacción con sus labores, especialmente por el temor a no conseguir otro empleo y salir del mercado laboral, pese a que las condiciones generales son altamente precarias. Además se observó que el 81,6% no tiene ningún tipo de contrato; el 74,4% se caracteriza por ser un trabajador independiente, el 12,8% son contratados mediante empresas asociativas de trabajo, el 9,3% por empresas de servicios temporales, y el 3,5% restante por cooperativa de trabajo asociado.

Un punto neurálgico en la persistencia de las condiciones de exclusión y pobreza, es la alta cantidad de personas que reciben un salario mínimo o menos (65%). Situación alarmante, pues muchas de ellas son personas cabeza de hogar, cuyo precario ingreso escasamente posibilita garantías para el bienestar humano.

Un elevado porcentaje de los afros que trabajan en la economía informal no tiene vacaciones pagadas (94,7%), ni prima de navidad (94,7%), ni derecho a cesantías (96,6%). El 69% de ellos manifiestan el deseo de cambiar de trabajo. En el caso de las mujeres, aparte de la falta de prestaciones legales, el 89,6% de las embarazadas no tuvo licencia remunerada.

Al indagar los temas relacionados con la seguridad social, se halló que el 83,2% está afiliado a salud, frente al 16,8% que no tiene afiliación; situación preocupante porque de estos últimos un 32% no estuvo afiliado en los últimos dos años, e incluso más. El 62% está en el régimen subsidiado, el 18,5% pertenece al régimen contributivo bajo la modalidad de beneficiario, y sólo el 18,5% participa como cotizante del régimen contributivo.

Al mirar las afiliaciones a pensiones, se encontró que sólo el 8,6% está afiliado, y el 91,4% no tiene ningún tipo de afiliación. El 57,7% justifica la no afiliación a un sistema de pensiones porque no cuenta con los recursos económicos para hacerlo, el 17,7% por desconocimiento del proceso de afiliación, el 10,2% por no estar interesado, el 7% porque su empleador no lo exige, y un 4,2% porque considera que nunca llegará a jubilarse, entonces no lo tiene como prioridad. Al preguntar por las afiliaciones a un fondo de cesantías, el 94,7% no está afiliado, y el 89% no está afiliado a una Aseguradoras de Riesgos Profesionales (ARP).

Sólo el 23,1% percibió que fue discriminado en el trabajo, mientras que el 76,9% no lo percibió. Las discriminaciones fueron por el color de piel en el 100% de casos, y de ellos el 35,3% dijo haber recibido insultos por su color. El 16,4% dijo haber sido discriminado en el proceso de selección debido a la edad, el 15% por el grupo étnico, y el 6,4% por el lugar donde vive. Además, que el 11,7% de esta población tuvo que soportar discriminación para conseguir empleo en algún oficio. El 80,5% manifestó que hay discriminación en los espacios de trabajo, y el 63,7% consideró que en la ciudad hay zonas o barrios donde discriminan a las personas de color.

 

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