Kjeld Jakobsen habla de sindicalismo, proceso de paz, Trump y cambios en el mundo del trabajo. Entrevista.

Kjeld Jakobsen es un destacado sindicalista brasilero, por 9 años Secretario de Relaciones Internacionales de la CUT Brasil. También ocupó cargos en las antiguas CIOSL y ORIT, actuó en la dirección de la Fundación Perseu Abramo del Partido de los Trabajadores, y actualmente es consultor en cooperación y relaciones internacionales.

Es pues un conocedor del mundo sindical internacional, en especial de América Latina. En Colombia ha estado en varias ocasiones haciendo seguimiento al proceso de paz con las FARC, como quiera que uno de sus temas de interés es el papel que el sindicalismo puede jugar en momentos de cambio político y posconflicto, tema sobre el cual ha hecho investigaciones en diferentes partes del mundo.

Jakobsen estuvo recientemente en Medellín como docente invitado al Diplomado de Educación Sindical que coordinan la Universidad de Antioquia, la UNEB y la ENS, en el que habló de las alternativas de acción de los trabajadores para la construcción de la paz en Colombia.

Aprovechamos su visita para hablar con él sobre estos y otros tópicos de interés para los trabajadores y sindicalistas, entrevista que también puede ver en vide:

En los últimos años los gobiernos de derecha han ganado espacio en América Latina, en retroceso de la izquierda. En este contexto, ¿cómo ve la situación del sindicalismo latinoamericano?

kjeld Jakobsen

Cada país tiene su realidad, su historia, su cultura sindical inclusive, y también diferentes formas de organización. Digamos que al menos en tres países del cono sur el sindicalismo tiene una representatividad bastante importante desde el punto de vista de negociación colectiva, porque el modelo de organización sindical es por categorías profesionales; contrario a lo que pasa en otros países, como en Colombia y Chile, donde un sindicato se organiza a partir de un pequeño número de trabajadores, que pueden crear un sindicato, e inclusive pueden crear varios sindicatos en una misma empresa. Eso favorece el fuero sindical, pero merma la capacidad de coordinación y movilización. Hoy estamos en un momento difícil en países como Brasil, Argentina y Paraguay, donde la derecha viene con una política de austeridad neoliberal, que intenta debilitar o destruir los sindicatos. Su agenda es la reforma de la seguridad social y laboral, no proporcionar más derechos a los trabajadores sino quitarlos, a fin de favorecer al capital y proporcionar trabajo de costo bajo a las empresas. En Brasil y Argentina todavía hay una cultura sindical bastante fuerte que se opone a esas reformas, y que recientemente posibilitó huelgas generales en ambos países.

Donald Trump está trasformando la política estadounidense, con un fuerte acento en el tema migratorio. ¿Cómo ve el efecto de esta política para los trabajadores latinoamericanos?

Aún no sabemos integralmente qué política tiene el nuevo gobierno de Estados Unidos para América Latina. Una cosa ya está clara: su política de inmigración va a ser dañina para varios países, principalmente de América Central. El Salvador, por ejemplo, ha podido paliar las presiones sociales con una fuerte migración a Estados Unidos, donde hoy vive la quinta parte de su población, gran parte de ellos indocumentados. Trump ha dicho que a los indocumentados los va a mandar de vuelta a sus respetivos países, y si eso ocurre con los salvadoreños, ¿cómo pude un país recibir de una vez a 2 millones de personas, sin que eso afecte su economía y la sociedad como un todo? En el aspecto económico, Trump puede endurecer su posición proteccionista frente al comercio, pero hay cosas que no puede revertir. Las inversiones estadounidenses están en los países y ahí van a seguir. Hay que esperar a ver cómo el proteccionismo y la política migratoria de Trump nos puede afectar.

Usted le ha hecho seguimiento al movimiento sindical colombiano, y también en los últimos años al proceso de paz. ¿Ve oportunidades para el sindicalismo en este proceso?

Colombia vive un proceso del fin de un conflicto que la ha afectado por 50 años, con repercusiones sociales extremadamente graves: muertes, heridos, desplazamientos, expropiación de tierras. Y paralelo a eso se ha dado el asesinato de más de 3 mil dirigentes sindicales, y un proceso de cambio en la economía y en la forma cómo las empresas se organizan y producen. En los años 70 el Estado tenía presencia importante en la economía y la conducción de políticas sociales, que ya no existe. En aquel momento Colombia tenía una tasa de afiliación sindical del 20%, que debido a la violencia antisindical y los cambios en la producción bajo al 4%, una de las más bajas del mundo. Y el porcentaje de trabajadores con negociación colectiva es el 2%, o quizá menos. De seguir así, eso va a destrozar el movimiento sindical en Colombia. La buena noticia es que hay un pequeño crecimiento de trabajadores afiliados a los sindicatos y se han creado organizaciones por sector, lo que muestra que es posible reaccionar. Me parece que ahora que se discute sobre la creación de una cultura de paz y democratización, es la oportunidad para discutir y fortalecer la organización sindical. Porque ningún país es democrático si no tiene libertad de asociación, negociación colectiva y diálogo social.

¿Cuáles cree que son los retos prioritarios del sindicalismo en Colombia?

El primero, es organizar a la base de los trabajadores y hablar con ellos sobre el papel y la importancia de los sindicatos, y utilizar datos concretos. El 90% de los trabajadores gana hasta 4 salarios mínimos, un ingreso extremadamente bajo, solo una minoría tiene salarios altos. El 28% de la población colombiana esté bajo la línea de pobreza y la informalidad laboral es muy alta. Son datos que permiten construir una narrativa importante sobre el papel y los retos que el sindicalismo tiene hoy. Los derechos sociales se están perdiendo, y él único que puede frenar eso es el movimiento sindical. Hay que convencer a los trabajadores que los sindicatos tienen un rol por cumplir. Y convencerlos de la necesidad de cambiar, porque la organización del capital cambió. Se acabó el sistema fordista vertical, donde una empresa lo organiza todo, desde la producción de la materia prima, hasta la venta de los bienes producidos. Hoy todo está descentralizado, incluso a nivel internacional. Si los sindicatos quieren responder a esto, deben organizarse de acuerdo con la organización del capital, así ha sido históricamente y así debe continuar.

Los avances tecnológicos están cambiando el mundo del trabajo. Incluso la OIT tiene este tema como eje central en la celebración de sus 100 años en el 2019. ¿Qué piensa de eso: las tecnologías y el futuro del trabajo? 

Si miramos la historia del capitalismo, vemos que siempre hubo cambios en la organización del capital: nuevas tecnologías, nuevos bienes, nuevas formas de producción. La diferencia con lo que vemos hoy es que los procesos son mucho más rápidos. La primera revolución industrial comienza a finales del siglo XVIII y la segunda muchas décadas después, el fordismo se da a comienzos del siglo XX y tiene su auge hasta los años 70. En esos momentos la innovación permitía la creación de nuevos trabajos, y entonces el sindicalismo se reproducía y simplemente cambiaba de foco. De ahí en adelante, en un periodo mucho más corto, ha habido muchos cambios. Hoy el reto es si esos cortos plazos permiten que el sindicalismo se organice de modo de acompañar esos cambios. Es difícil saber qué va a pasar con las nuevas tecnologías digitales, la robótica, todo eso, que pueden disminuir las posibilidades de trabajo. Pero el capitalismo no puede sobrevivir si no hay quien consuma sus bienes. Hoy tenemos la hegemonía del capitalismo financiero, pero las finanzas no logran reproducirse de la misma forma, tienen un límite porque no se puede solo especular, es necesario que haya producción y consumo. Esa ecuación no está muy clara todavía, pero es evidente que las transformaciones son muy rápidas, y a ellas hay que responder. El papel de las máquinas es cada vez más importante. Tenemos robots actuando en la industria automotriz, pero también hay trabajadores que producen esos robots. O sea que trabajo sigue existiendo, cuando llegue el momento en que las máquinas puedan producir máquinas, ahí la cosa va a ser más compleja.

 

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