El diálogo social, una ruta para superar las crisis. Opinión.

La odisea empeiza en Chiapas- MauroArias- 2010 Concurso de Fotografía Documental Los Trabajos y los días

Por Carlos Julio Díaz Lotero. Analista ENS

Carlos Julio Díaz

El diálogo social es un procedimiento creado en el sistema democrático para tramitar los conflictos sociales. Es un valor desarrollado en las democracias que tienen un enfoque participativo en la construcción de las políticas públicas, y parte de reconocer la diversidad de intereses que se expresan dentro de ella. Se basa en el reconocimiento de esa diversidad, de modo que no sean la autorregulación del mercado ni la imposición autoritaria de un Gobierno o empresa los que impongan las condiciones. Por el contrario, la solución debe lograrse mediante la concertación y negociación entre los actores sociales organizados y el Estado.

En momentos de prosperidad económica y bienestar social fluye con más facilidad el diálogo social en los países y en las empresas, pues el margen de maniobra en las negociaciones es más amplio y permite atender las diversas necesidades e intereses que expresan los sectores sociales y gremiales organizados. Pero en épocas de dificultades, retrocesos y crisis, el diálogo social tiende a restringirse al máximo, para dar paso al autoritarismo y al mercado como estrategias para resolver las crisis y las dificultades económicas, políticas, sociales y laborales.

Sin embargo, la experiencia ha demostrado que es precisamente en tiempos de crisis, caos y desánimo cuando el diálogo social se convierte en una herramienta bastante útil para restablecer el orden normal de las cosas, para hacer las transiciones a sistemas democráticos y para superar el estancamiento económico, la inestabilidad social, el alto desempleo y la precariedad laboral.

El sindicalismo ha sido actor protagónico en la construcción de acuerdos sociales y laborales, en conjunto con los gremios empresariales, partidos políticos y el Estado, lo que ha permitido salidas a difíciles momentos. Dos ejemplos clásicos de diálogos sociales como estrategias anti-crisis son los pactos sociales en muchos países, y los acuerdos tripartitos entre empresarios, trabajadores y Estado en los Países Bajos y la Unión Europea, que dieron origen al modelo de flexiseguridad.

Crisis y pactos sociales

Por lo general, los pactos sociales se centran en resolver problemas de inestabilidad política o económica mediante acuerdos en torno a las políticas macroeconómicas y sociales; pero no en torno a las condiciones del trabajo, que son del ámbito de la negociación colectiva entre los empleadores, los trabajadores y, en algunos casos, el Estado. Han servido como instrumentos para superar situaciones de crisis, conciliando intereses diversos mediante la cooperación entre las autoridades públicas y los diversos actores políticos, económicos y sociales.

Existen diversas experiencias de pactos sociales que han sido modelos, como los de Irlanda, España, Italia, Bélgica, Argentina y Corea del Sur. Hace unos 30 años Irlanda atravesaba una coyuntura de bajo ingreso per cápita, alto desempleo, inflación galopante, alto endeudamiento público, déficit fiscal y pobreza. El pacto social para superar estos problemas fue bastante exitoso, a tal punto que Irlanda tiene bajas tasas de desempleo, un panorama fiscal saneado, y uno de los ingresos per cápita más altos de Europa.

Los Pactos de la Moncloa en España es otro caso elocuente. Fueron acuerdos firmados en 1977 con el objetivo estabilizar el proceso de transición al sistema democrático, así como adoptar una política económica que contuviera una hiperinflación que alcanzaba el 26,390%.

La flexiseguridad como respuesta a la globalización

La flexiseguridad es un modelo de organización de las relaciones de trabajo con políticas proactivas por parte del Estado. El objetivo de este modelo es lograr un equilibrio entre el trabajo flexible y la protección social de los trabajadores, y así dar respuesta a las necesidades de competitividad empresarial y de protección laboral del sindicalismo. Se basa en tres pilares llamados «triángulo de oro»:

  1. Flexibilidad construida con base en relaciones contractuales adaptables.
  2. Alta protección social para los desempleados.
  3. Políticas de formación y reinserción laboral activas a lo largo de la vida del trabajador, a fin de asegurar su adaptabilidad continua.

Los estudios realizados por la OCDE y la OIT señalan que los resultados de estas políticas, a partir de un esfuerzo fiscal por parte del Estado, se caracterizan por bajas tasas de desempleo y pobreza.

Experiencias colombianas

En Colombia también existen experiencias de diálogo social exitoso. Podemos señalar casos particulares, como los desarrollados mediante la negociación colectiva sectorial entre Sintrainagro y el gremio bananero cuando el panorama cambiario no le era favorable. Incluso casos puntuales de algunas fincas que tenían dificultades y salieron a flote con acuerdos que flexibilizaron la convención colectiva, y una vez superada la crisis se pagaron las deudas laborales.

Hace algunos años la empresa Peldar solicitó al Ministerio de Trabajo un despido colectivo para enfrentar la caída en las ventas por la apertura neoliberal. El sindicato hizo una propuesta de establecer un banco de horas para redistribuir el trabajo entre todos los trabajadores y de esta manera detener los despidos, lo que fue acogido por la empresa. En un plazo más corto de lo esperado la situación se normalizó y la planta de personal se mantuvo. Fue otro caso exitoso de diálogo social para superar una crisis.

Podríamos citar muchos casos más, pero lo importante es la enseñanza que nos dejan estas experiencias. En ese contexto, un caso que actualmente preocupa es el de Cencosud. Bajo el argumento de la crisis, esta empresa de origen chileno viene imponiendo un modelo de relaciones laborales autoritario que pretende desconocer a un sindicato que es mayoritario y tiene una gran legitimidad en el conjunto de los trabajadores. El unilateralismo y la imposición adicionarán mayores problemas a lo que ya se tienen, el bilateralismo y la negociación son el mejor camino para amortiguar y, por qué no, para superar la crisis.

“Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla”, es una frase que se le atribuye a Napoleón Bonaparte, pero vale la pena que la administración de Cencosud y el Gobierno Nacional la reflexionen, pues nuestro futuro depende de la manera como asumamos en el presente las enseñanzas de la historia.

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