Trabajo Decente para la paz

Por Carlos Guarnizo
Del Centro de Solidaridad

“Que las persianas corrijan la aurora, que gane el quiero la guerra del puedo”
Joaquín Sabina.

El conflicto colombiano tiene origen, entre otros, en la exclusión económica causada en buena medida por la baja participación del trabajo en el ingreso nacional. El marco legal y la debilidad institucional han facilitado un modelo de concentración de riqueza y la preocupante desigualdad que registra el país.

Que 2.300 personas tengan el 53,5% de la tierra aprovechable del país (43´928.305 hectáreas), y el 99,95% de los colombianos seamos propietarios de sólo el 2,54% de los depósitos bancarios, sumado al desangre de 50 mil millones de dólares en paraísos fiscales, da cuenta de una acumulación que impide el desarrollo productivo del país y alimenta la inestabilidad social.

La construcción de la paz pasa por la distribución funcional eficiente del ingreso a través del reconocimiento de salarios justos. Buenos salarios ayudarán a recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores, reducirán la desigualdad y la pobreza, con efectos positivos en la demanda agregada que dinamizará la economía, toda vez que los problemas de recesión se ubican en la demanda y no en la producción, como lo preconizan los agoreros del modelo de austeridad.

La paz exige proveer de certidumbre a los trabajadores a través de contratos de trabajo directos a término indefinido, en actividades permanentes, así se permitirá que los asalariados puedan construir un proyecto de vida firme con sus familias, rodear de mayor estabilidad la economía sin encarnar costos adicionales para el empresariado.

El conflicto nacional lo agrava un individualismo exacerbado que entraña un divorcio de la sociedad y el bien común, producto de un modelo cultural que desestima los sujetos colectivos y las organizaciones. Así tenemos un país fragmentado sin escenarios ni organizaciones para la construcción de consensos. Sólo el 6% de los colombianos pertenece a alguna organización, al punto que ni la religión es un elemento unión, si consultamos que existen más de 5.000 iglesias y existe un solo Dios verdadero.

Somos pues un país de muchos individuos y poca sociedad. Las democracias verdaderas y las sociedades vigorosas funcionan con organizaciones sólidas. Superar la dispersión social implica un fortalecimiento de las organizaciones y en nuestro caso de los sindicatos y los gremios empresariales. Actores robustos significa interlocutores fuertes, representativos que reducirán las distancias en la estratificación social e impedirán la concentración de poderes.

Por ello, para superar la baja membrecía de los sindicatos, que es de solo el 4%, es menester promover campañas de crecimiento sindical dirigidas a instalar un imaginario positivo de las asociaciones de trabajadores y aumentar su número de afiliados mediante el fortalecimiento de las garantías para su participación.

Colombia es un país anclado en la confrontación edificada sobre verdades absolutas, superioridades morales, convicciones inmodificables, que permite a los líderes más que opinar, pontificar con afirmaciones irrefutables. El campo laboral no es la excepción. Las relaciones son altamente litigiosas y con baja cobertura de convenios laborales. Urge en consecuencia, la creación de escenarios saludables para construcción de acuerdos. Es impensable una Colombia con ausencia de diálogo. La negociación colectiva es un vehículo formidable para la elaboración de consensos.

Estudios de la OIT, el Banco Mundial y la OCDE, entre otros, demuestran las bondades de la negociación centralizada o por rama de industria o servicios, en la perspectiva de mejorar ingresos, estimular la formalización laboral y dar forma a un país disuelto por vía de ganar legitimidad y cohesión social.

Es necesario interpelar al establecimiento que se cuida de la democracia porque la concibe como un instrumento de privilegios, que no de derechos. El trabajo decente es arquitecto de democracia y restaurador de tejido social. Según la OIT, El trabajo decente sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral y está íntimamente ligado al desarrollo sostenible.

En el marco del proceso de paz, estamos frente a una inmejorable oportunidad de construir un país con justicia social, estamos ante la posibilidad elevar el nivel de la democracia, aumentar la productividad del país y tener la capacidad de mirarnos de una manera diferente. Encontrarnos sin tener que matarnos.

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