Salario mínimo para incentivar el crecimiento económico y mejorar la distribución del ingreso

(Foto de referencia: Hormigas humanas de Héctor Hernán Vanegas, Concurso Latinoamericano de Fotografía Documental "Los trabajos y los días 2015"

Si en Colombia los salarios fueran mejores, el consumo de los hogares mejoraría, lo que fortalecería el mercado interno. Pero a la ANIF, lo mismo que al ministro de hacienda y a todos los economistas que trabajan para la patronal, les parece que no es así, que el salario mínimo es “exageradamente alto”.


Por Héctor Vásquez Fernández. Analista ENS

La ANIF, como portavoz del banquero más influyente del país, saltó a la palestra esta semana al proponer un incremento del salario mínimo legal para 2019 que no desborde el 4%. Cifra que, según la ANIF, resulta de una inflación del 3.5% y de unas ganancias en productividad no superiores al 0.5%. Y agrega que “una cifra muy por encima de la inflación pondría en peligro las metas del Banco de la República y se contraería la expansión de la economía, con un primer ingrediente que es el aumento del desempleo y el crecimiento de la informalidad laboral”.

Este tipo de argumentos se repiten todos los años por parte de las organizaciones que representan los intereses de los patronos, para oponerlos a las legítimas reivindicaciones de los representantes de los trabajadores, quienes, como es natural, siempre aspiran a mejorar de manera real el poder de compra de los salarios de los trabajadores y su calidad de vida, y por esta vía lograr una mejor distribución del ingreso.

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Indicadores clave para el incremento del salario mínimo (%)

El cuadro anterior sirve para contrastar los argumentos de la patronal con los datos básicos que es necesario tener en cuenta a la hora de fijar el incremento del salario mínimo. Estos, según la Ley 278 de 1996, deben considerar la inflación causada en el año inmediatamente anterior y la meta de inflación fijada por el Banco de la República para el siguiente año; el incremento del Producto Interno Bruto; la contribución de los salarios al ingreso nacional; y la productividad de la economía.

En 2017 el incremento del salario mínimo fue de 7.0%, frente al incremento del costo de vida de 2016, que fue 5.81%, y que para los trabajadores significó una ganancia de apenas 1.19 puntos porcentuales, una cifra inferior, tanto al incremento real de la productividad laboral del año anterior (1.35%), como al incremento real de la productividad total (1.47%) en el mismo año. Estas cifras no se incluyeron en el incremento final del salario mínimo para 2017, lo que resultó en una pérdida para los trabajadores.

El cuadro ilustra como en los años anteriores, aunque el incremento nominal del salario mínimo ha estado por encima de la inflación causada, no se han incorporado, como tiene que ser, los incrementos de la productividad del trabajo, por lo que esta mayor productividad ha favorecido únicamente a la patronal.

De los años que se ilustran en el cuadro anterior, el mejor incremento que presentó el salario mínimo fue en 2014: 2.56 puntos porcentuales por encima del IPC promedio nacional. Lo que quiere decir que de la ganancia de productividad laboral, 4.05% real en el año anterior, a los trabajadores apenas se les reconocieron 1.49 puntos.

2018 fue el año con el segundo mejor incremento: 2.28 puntos por encima del IPC promedio nacional, y 1.81 puntos por encima del IPC de la población de ingresos bajos, lo que significó apenas el reconocimiento de la ganancia en productividad  laboral de ese año, sin que los que tomaron esa decisión hubieran propuesto específicamente ese resultado, pues, como ya se dijo, los representantes de la patronal proponían un incremento menor.

En 2016 el incremento del salario mínimo fue apenas de 0.23 puntos por encima de la inflación causada, y aunque la productividad laboral del año anterior había sido negativa (no así la productividad total, que se incrementó en términos reales en 1.47%), el incremento del salario fue inferior en 0.26 puntos al índice de precios de los consumidores de ingresos bajos.

Las filas 5, 6, 7 y 8 del cuadro muestran cómo ha evolucionado en Colombia el trabajo informal, el desempleo, la protección social de los trabajadores y el crecimiento de la economía. Aunque el salario mínimo ha subido en términos reales, al menos en relación con la inflación causada, estos incrementos no han afectado para nada la informalidad (que ha venido bajando) ni el desempleo (que se ha mantenido alrededor del 9%).

Aunque son tasas muy altas comparadas con los países de América Latina, estos indicadores nada tienen que ver con el salario mínimo, ni en general con los salarios que imperan en Colombia, que son de los más bajos, sino con el pobre desempeño de una economía. Es una economía que se maneja sin rumbo ni prioridades, y al vaivén de las coyunturas internacionales: precios del café, del petróleo, del carbón… del narcotráfico. Una economía que los grupos de poder aprovechan para obtener rentas fabulosas, concentradas en pocas empresas y en pocas manos.

Las filas 8 y 9 del cuadro muestran la participación de la remuneración del trabajo y del capital en el producto interno bruto (PIB). En general, los costos laborales totales (salarios, más prestaciones legales, más la protección social) tienen una participación que promedia el 33.3% del PIB, en tanto que la ganancia del capital tiene una incidencia del 55.7%. Una relación que en los países de la OCDE es precisamente la contraria.

La fila 10 muestra la incidencia del consumo de los hogares en la formación del PIB: 66.3% en promedio. Esto quiere decir que el PIB, que es la generación de riqueza que produce un país, en Colombia podría ser mayor si las remuneraciones de los trabajadores fueran mejores y si el consumo de los hogares fuera mayor, pues un mayor salario y un mayor consumo inciden en una mayor demanda de toda clase de bienes y servicios. Los economistas saben, aun los neoliberales, que el PIB también se forma desde la demanda.

Pero en Colombia los salarios son muy bajos, como lo muestra el hecho de que la remuneración total de los asalariados apenas incide en el 33.3% del PIB, hecho que además lo corrobora este dato: de cada $100 de consumo de los hogares, apenas $42.55 corresponde a lo que consumen los trabajadores por la remuneración que reciben. La gráfica que sigue ilustra qué tan altos son los salarios de hombres y mujeres en Colombia:

Ingresos laborales promedio en pesos 2008-2016, desagregados según sexo

Si en Colombia los salarios fueran mejores, el consumo de los hogares mejoraría, lo que fortalecería el mercado interno. Pero a la ANIF, lo mismo que al ministro de hacienda y a todos los economistas que trabajan para la patronal, les parece que no es así, que el salario mínimo es “exageradamente alto”, que aumentar el mínimo 4 o 5 puntos por encima de la inflación incrementa el desempleo, desestimula la formalización del trabajo y afecta el crecimiento económico.

Se trata de ideología simplista, que no tiene ningún fundamento en los hechos, cuando éstos nos hablan de una economía con muy bajo nivel de competitividad y crecimiento mediocre, basada en la exportación de bienes que no tienen futuro, y con trabajadores que en su mayor parte son pobres por ingresos. Pero eso sí, de una economía con una alta concentración del ingreso que les permite a unos pocos vivir como príncipes árabes, rentando del poder que ejercen sobre los que gobiernan.

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