Andanadas de propuestas de reforma laboral nos llevan al abismo

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El autor expone las razones por las cuales considera que la reforma laboral que han propuesto los empresarios y el gobierno no le conviene al país.

Por Carlos Julio Díaz Lotero. Analista laboral ENS

Un antiguo proverbio griego, citado por el historiador Plutarco, afirma que los dioses “ciegan a quienes quieren perder”. En la Colombia de hoy parece que eso está sucediendo. Los dioses han dejado a los gremios empresariales y al Gobierno en la ceguera absoluta.

Desde hace 30 años, con el inicio de las reformas neoliberales instauradas de manera particular a América Latina, se ha venido construyendo un discurso anti-laboral, podríamos decir que casi anti-social, con el propósito de justificar una política contraccionista en materia salarial, y de recorte de derechos laborales, sindicales y sociales.

Tras la consigna de “Bienvenidos al futuro”, se empezó a tejer un dispositivo lingüístico para cambiar el significado de las cosas. No se habla de derechos sino de privilegios, no se dice sindicalista sino terrorista vestido de civil, no debería ser reivindicativo el sindicato sino participativo, los trabajadores son colaboradores, los pactos colectivos son Planes de Beneficio, el conflicto armado interno es amenaza terrorista, los desplazados son turistas internos. Lo que ha llevado a una confusión, a una Torre de Babel donde, pese a todos usar el español, hablamos lenguajes diferentes.

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El concepto central del modelo de desarrollo neoliberal es la “competitividad”. Todas las reformas que se han adelantado: laboral, de seguridad social, tributaria, entre otras, según el dogma sagrado neoliberal son necesarias para que la economía sea más competitiva.

La cooperación, la solidaridad, el sentido de servicio, la ayuda mutua, son todos valores que presentan como prehistóricos. Hoy solo vale la consigna hobbesiana: “el hombre un lobo para el hombre”. Hoy solo vale la “competitividad”, concepto derivado de “competencia”, nombre elegante para la guerra de todos contra todos, de ganadores y perdedores, que hoy vivimos.

Las reformas laborales regresivas de ayer y de hoy, son las estrategias centrales de la competitividad neoliberal. La forma de hoy ser competitivos es con trabajo precario, lo que técnicamente se denomina “dumping social de mano de obra barata”

Las reformas laborales regresivas de ayer y de hoy, son las estrategias centrales de la competitividad neoliberal. La forma de hoy ser competitivos es con trabajo precario, lo que técnicamente se denomina “dumping social de mano de obra barata”. Desde la ley 50 del 1990, la ley 100 de 1993, y la ley 789 de 2002, más todas las otras reformas laborales, venimos en una carrera sin fondo de recorte de derechos, contrayendo salarios para ser competitivos en los mercados externos. Pero así y todo, el país ha avanzado muy poco en los indicadores de competitividad. Según el Foro Económico Mundial,  ocupamos el puesto 57 entre 141 países.

O sea que el desmonte de las cesantías retroactivas y los recargos nocturnos y dominicales, la deslaboralizacion del contrato de trabajo, la tercerización ilegal, la mercantilización de la seguridad social, la limitación de la negociación colectiva, no han servido de mucho. Pero lo peor de todo es no se genera empleo, las tasas de desocupación siguen por encima del promedio de América Latina y el Caribe, a pesar de tener un crecimiento superior de la economía.

Es decir, la política laboral y salarial de las últimas tres décadas ha sido un completo fracaso: ni se exporta con bajos salarios, ni hay empleo. Y con ese antecedente, vuelve y juega la flexibilización de la contratación para vincular trabajadores por horas, eliminar el pago de horas extras, nocturnas y dominicales, crear dos tipos de salario mínimo: uno urbano y otro rural, e incrementar el salario mínimo moderadamente: máximo IPC+1.

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Según los gremios empresariales, el Gobierno y los tecnócratas del Banco de la República, el salario mínimo en Colombia es muy alto porque está muy cerca del ingreso medio de los trabajadores. ¿No se les ocurre pensar que probablemente sea al revés: que el alto no sea el salario mínimo sino que el ingreso medio es muy bajo?

Adicionalmente los técnicos del Banco de la República proponen el salario mínimo diferencial por regiones según su nivel de productividad. Y ahora Fenalco hace una propuesta calificada como revolucionaria por los medios de los grandes grupos  económicos: un salario mínimo para los jóvenes del 75% del salario mínimo legal.

Asimismo, prácticamente ya se desmontó la estabilidad reforzada en casos de debilidad manifiesta del trabajador, y el Consejo Gremial Nacional presiona el desmonte de lo que llama “costos laborales no salariales”, esto es, aportes a las cajas de compensación y a la seguridad social en pensiones y riesgos laborales.

Pero la voracidad no tiene límites, ahora han sacado las cartas sobre la reforma pensional, que se propone acabar con el régimen de prima media y dejar el manejo de todos los recursos en el sistema de ahorro individual que es el mayor negociado de los grupos financieros. Un modelo que ya mostró su fracaso en Chile de donde lo tomamos, pues no pensiona y en los pocos casos que se cumplen los requisitos las mesadas son inferiores al 30% del ingreso como trabajador activo, y adicional hay que morirse temprano antes que los recursos se acaben. Estamos construyendo una sociedad de ancianos en la indigencia.

El Gobierno y los empresarios parece que no ven nuestro creciente déficit comercial. Con los tratados de libre comercio el país no ha superado la estructura económica extractivista y primario exportadora. No logra aumentar sus exportaciones, así la tasa de cambio se haya devaluado casi un 100% en los últimos años. Y es porque no tiene nada que exportar, solo petróleo, oro, banano, café, flores, y pare de contar.

El Gobierno y los empresarios parecen no ver que el empleo no crece porque los sectores financiero y de minas y cantera que dinamizan la economía, aportan muy poco al empleo y el crecimiento de la economía, mientras el sector real languidece sin ningún apoyo estatal.

El Gobierno y los empresarios parece que no ven que lo que realmente le quita competitividad al país son los elevados costos financieros, que están dentro de los más altos del mundo. El kilovatio hora de energía es 8 veces más costoso en Colombia que en los países de la OCDE, y también cuenta el elevado costo de la gasolina, la pésima infraestructura por la corrupción en su construcción y la mala calidad de los proyectos.

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El Gobierno y los empresarios parece que no ven que los salarios son excesivamente bajos. Un salario mínimo apenas cubre el 50% de la canasta básica de una familia de ingresos bajos, por tanto no es que el salario mínimo sea muy alto, sino que el ingreso medio del país es muy bajo.

El Gobierno y los empresarios parece que no ven que el problema de competitividad no está en los salarios sino en los costos financieros, los de la energía, la gasolina, la pésima infraestructura económica y la corrupción generalizada.

El Gobierno y los empresarios parece que no ven que en el vecindario al que exportamos nuestros productos hay problemas, que el mundo tiende a una recesión. Si les funcionara por lo menos una neurona entenderían que el camino correcto es fortalecer el mercado interno y mejorar la capacidad de compra de los salarios, para que sus empresas y las finanzas públicas sean viables.

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