Latifundio, extracción y cambios al acuerdo de paz amenazan campesinos

Al hablar de los Nuevos Retos en el mundo del trabajo es indispensable, en la Colombia de hoy, preguntarse por la Paz y las dinámicas del trabajo en la ruralidad. Por eso se realizó un nutrido panel con este título donde participaron Jairo Guillermo Isaza, de la Universidad de La Salle; Claudia Flores, de Fenacop; Fabio Arias, de la CUT; Oscar Gallo de la ENS; Fernando Urrea, de la U del Valle; y Álvaro Oviedo de la Javeriana.

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“La gente del campo tiene que poder seguir siendo productiva en labores agrícolas, por eso la importancia de blindar los acuerdos de paz”, opinó Jairo Guillermo Isaza detallando que quienes quieren desbaratar el Acuerdo ahora, es porque no les convienen las transformaciones contempladas allí.  Por ejemplo, “la posición de Fedegan es contraria al acuerdo, porque claramente el tipo de ganadería de Colombia es bastante ineficiente, la tierra es un activo que permite acumular poder, y la transformación pactada en La Habana no es conveniente para ello”.

Fabio Arias mencionó que de cada 3 trabajadores en Colombia, 2 están por cuenta propia. Y en el campo el porcentaje de informalidad es del 90% según la OIT.

Porque es urgente que los campesinos tengan más acceso a la tierra y mejores condiciones para producir y vivir dignamente, se hace importante implementar el punto 1 del acuerdo de paz. Para eso, propusieron los invitados; “se recomienda a las instancias oficiales articularse, armonizarse, coordinarse… Hoy por hoy no hay norma que establezca la obligatoriedad de que lo hagan, y preocupa que ni siquiera hay metas para el campo y la implementación en educación, saludo, agua potable, nutrición, producción”.

Además, se mostró preocupación porque en casos donde hay rutas trazadas como los PDETS (Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial) establecidos en el Acuerdo, éstos se financian del sistema general de regalías en el marco de sostenibilidad fiscal. En su expedición quedó explícito que si alguna inversión genera déficit, no va. Es decir, muchos aspectos quedarán desfinanciados seguramente.

Para Claudia Flórez Mejía, licenciada en biología y aspirante a magister en desarrollo rural, la principal preocupación del sector campesino hoy es que lo acordado en La Habana está sufriendo cambios “que lesionan los derechos de los trabajadores agrarios. Hay un interés de parte del gobierno nacional en seguir manteniendo las condiciones paupérrimas del campo, para seguir siendo ricos unos pocos”

Claudia asesora el sector cooperativo de campesinos y es enfática en señalar que la atropellada implementación del punto Desarrollo Agrario contemplado en el Acuerdo de Paz se debe a que no hay interés de la clase política, ni los poderes, de superar el problema del latifundio, una de las principales causas del conflicto. “Mientras las políticas las sigan definiendo los dueños del Ubérrimo, éstas no van a cambiar”, señaló Fernando Urrea

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Por su parte, Óscar Gallo relató que desde la Escuela Nacional Sindical  se comenzó a plantear una propuesta de solución para el subregistro de enfermedades laborales en el campo. Por ejemplo, reveló que en el sector café, en Colombia, solo se presentaron 3 enfermedades laborales en 2014; es muy grande el subregistro.

Además, se manifestó la preocupación por el uso de la tierra para la extracción. Por ejemplo, la minería sigue siendo un asunto de gran preocupación, pues para sacar 0.86 gramos de oro se necesitan 1.300 litros de agua según datos de la Ashanti. “El problema minero supone un sistema absolutamente frágil desde lo ecológico”.

En conclusión, la tierra y el trabajo en el campo siguen siendo un problema estructural en Colombia.  “Cuando vamos con productos del sector primario, vamos en desventaja de entrada porque el precio lo define el comprador y es el monopolio. Buena parte del problema es la tenencia de la tierra, el monopolio sí, y el latifundio”, se expuso.

Hay tierra suficiente para resolver el problema de soberanía alimentaria, si cambia la política pública. Por eso defender el acuerdo de paz y continuar el empoderamiento de los trabajadores agrícolas debe seguir en la perspectiva de futuro del movimiento sindical.

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