Juan Diego Arango in memoriam. Un recordatorio necesario

Por Rodrigo Javier Toro Z.
Profesional de la ENS

El jueves 5 de mayo se cumplieron 28 años del asesinato, ya impune, de Juan Diego Arango Morales, destacado sindicalista antioqueño, dirigente del sindicato de los trabajadores de Sofasa Renault, Sintrasofasa.

juan-diego-arango-in-memoriam Por todo lo importante que en aquel momento de la historia fue este sindicato, y por la trayectoria, fogosidad y carisma de Juan Diego, su asesinato fue un hecho funesto, muy lamentado por el sindicalismo colombiano, que se solidarizó en la denuncia; y sentido profundamente por los trabajadores de la ensambladora de vehículos, sus compañeros de lucha, que ante la magnitud de la afrenta y el daño causado respondieron con un combativo paro por el derecho a la vida; paro de una semana de duración en las factorías de Envigado, Itagüi, Bogotá y Duitama.

El crimen de Juan Diego tuvo lugar en una de las épocas más nefastas de represión en el país, de persecución y exterminio de líderes de derechos humanos, de militantes de la Unión Patriótica, de la izquierda y de sindicalistas críticos y autónomos frente al Estado y el poder capitalista dominante.

Los sicarios que lo asesinaron en Sabaneta, cerca de su casa cuando regresaba del trabajo, acallaron con sus disparos aleves una voz disidente, elocuente y lúcida; la voz de un proletario que enalteció y dignificó la labor y la tarea sindical, expresado en su decisión de lucha, espíritu unitario, propositivo, sencillo y fraternal con sus compañeros y con la clase trabajadora que representó.

Juan Diego Arango (in memoriam)
Juan Diego Arango (in memoriam)

Fue Juan Diego, además, usuario permanente de la ENS, en donde adquirió una buena parte de su formación sindical, especialmente en el tema de salud en el trabajo, del cual fue un pionero en el sindicalismo colombiano, toda vez que lideró con idoneidad y solvencia la discusión y firma de un capítulo sobre esta materia en la negociación colectiva de Sintrasofasa en 1987. Vale resaltar también sus inquietudes poéticas, ecológicas y culturales, muy notorias, por cierto.

Que el recuerdo imborrable de Juan Diego, acumulado en su legado de honestidad y compromiso firme con el sindicalismo, se convierta en un referente ético para dirigentes y nuevas generaciones de sindicalistas colombianos. Que la impunidad en la que aún permanece la investigación de su crimen y de sus motivaciones e instigadores, sea un acicate en la tarea política inaplazable y pertinente de buscar llenar de contenido la consigna “verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición”.

De esta manera se mitigaría un poco esa historia de horror del genocidio contra el sindicalismo colombiano, el cual, una vez resarcido, pueda erigirse en mejores condiciones como un actor protagónico y propositivo de los cambios democráticos y sociales que el país necesita, y a los que el pueblo colombiano aspira; de los cuales el sindicalismo debe ser baluarte y legítimo vocero.

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