“Pasando trabajos”: Las condiciones de trabajo de las mujeres en Colombia

Juan Pablo Marín García - Cosecha de mujeres 2 COL

Colombia sigue en deuda con su población y en especial con las mujeres, en términos de indicadores de derechos laborales. Desempleo, informalidad, subempleo y brechas de desigualdad son las características del mercado laboral colombiano. La tendencia de desempleo es una constante desfavorable que se reafirma y aumenta en el 2018 con un 9,7%.

Del total nacional,  las mujeres representan el 51% de la población en edad de trabajar, sin embargo, la tasa de ocupación es del 47% y la tasa de desocupación del 12,7%, 3 puntos por encima del promedio nacional y 5,3 puntos por encima de los hombres (quienes tuvieron una TD de 7,4%) (De acuerdo al DANE en Gran Encuesta Integrada de Hogares, según sexo 2018 ) . Con respecto al subempleo existe una tasa de más de 30,0%, donde la mayor causa es el empleo inadecuado por ingresos. Más de 5 millones de mujeres son jefes de hogar, no obstante, solo el 60% cuenta con una ocupación.

El desempleo significa no contar con una ocupación productiva para satisfacer necesidades básicas y expectativas, que para el caso de las mujeres tiene mayores implicaciones para su autonomía económica, elemento fundamental para disminuir desigualdades y violencias históricas contra ellas.


Brechas entre hombres y mujeres

Igualdad de acceso y condiciones de empleo digno todavía tienen un amplio camino que recorrer. En términos de salarios, a pesar de contar con la Ley 1496/2011 sobre igualdad salarial, para el año 2017 la diferencia de ingresos salariales entre hombres y mujeres fue de 17,6 puntos, es decir, las mujeres ganaron el 82,4% del salario de los hombres. En promedio el salario de los hombres fue de $1.096.560 y el de las mujeres de $904.039.  Esto, a pesar de la mayor formación de las mujeres, que para el mismo año registró un promedio de 9,7 años de escolaridad, en tanto para los hombres fue de 8,6.

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Trabajos feminizados y precarios

Con respecto al total de la población ocupada, continúa la tendencia de la participación de las mujeres en actividades económicas históricamente feminizadas, como en el sector servicios comunales y sociales con un 66,3%; intermediación financiera con el 57,5% y en comercio, hoteles y restaurantes con un 50,8%, lo que refleja una visión social de la función de cuidado asignado a las mujeres expresada en el mundo laboral, con el agravante de que dos de estos tres sectores presentan altas tasas de informalidad (43,2%, 18,2% y 78,3%, respectivamente). En la posición ocupacional de los trabajadores familiares sin remuneración el 64% son mujeres. Además, las mujeres dedican, por día en promedio, 7 horas 14 minutos al trabajo de cuidado en el hogar mientras que los hombres dedican 3 horas 25 minutos.

En congruencia con esta división sexual del trabajo, aún es muy baja la participación de la mujer en actividades laborales que han sido de exclusividad masculina, como se evidencia en el gráfico siguiente:

Seguridad Social

Los indicadores de seguridad social son uno de los elementos más relevantes que evidencian las condiciones de precariedad laboral en el país, pero además de los derechos fundamentales que más carecen las mujeres y por tanto las afectan de manera directa. La seguridad social en Colombia es un derecho conexo al trabajo, que responde a una lógica del trabajador masculino, urbano y formal, así que, cuando toda la vida se ha laborado en sectores poco formalizados o cuando se adolece de falta de trabajo formal por largos periodos, como es el caso de las mujeres, la desprotección social se recrudece durante la vida adulta y en la vejez.

Para el año 2018, en Colombia la informalidad laboral por acceso a salud contributiva, pensión y riesgos laborales fue de 65,7% y las mujeres son un reflejo de esta precariedad con una tasa similar de 65,1%, esto es, mujeres ocupadas, pero que están excluidas de estos tres sistemas básicos de seguridad social, siendo paradójico que aquellas que han ejercido labor de cuidado (servicios, trabajo doméstico, etc.) no cuentan con un sistema público que cuide de ellas.

De hecho, en el análisis de posición ocupacional de los datos ofrecidos por el DANE, las mujeres representan el 94% de la posición trabajadoras domésticas, es decir 624 mil mujeres dedicadas a esta labor. Un trabajo de los más precarizados e invisibilizados, donde sólo el 38,8% está afiliada al régimen contributivo de salud, el 17,6% a un fondo de pensiones y el 16% a riesgos laborales.

Mujeres rurales

La tasa de desempleo en el campo colombiano es de 5,1%, para las mujeres de 9,6%, triplicando a la tasa registrada por los hombres que es del 3,0%. No obstante, la informalidad es la regla en la zona rural con un 86%, las mujeres superan el promedio con un 89,3%.

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Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022

Las bases del nuevo plan de desarrollo son regresivas en general en materia laboral, pero con efectos que pueden ser diferenciados y desproporcionados especialmente para las mujeres. En la mayoría de los elementos referidos al trabajo, desde una lectura de la noción de Trabajo Decente, poco o nada se avanza, por el contrario, se desdibuja este concepto como aspiración de lo que deberían ser condiciones de trabajo justas según el mandato y los convenios de la Organización Internacional del Trabajo -OIT-.

En primer lugar, y de lo más preocupante del contenido del plan, es que el pacto por el trabajo decente no plantea formalización como meta de mejora de condiciones laborales, sino una apuesta por la flexibilización laboral, es decir, una adaptación a lo precario que se traduce en mayores facilidades para los empleadores y vulnerabilidad para los trabajadores. Flexibilizar el pago por días y hasta por horas, con un falso piso de seguridad social bajo la modalidad de salud subsidiada, Beneficios Económicos Periódicos -BEPS- que han mostrado su ineficacia, en reemplazo del Sistema Integral de Seguridad social como derecho de todos y todas.

En el tema de oportunidades de empleo, el plan se limita al acercamiento entre la demanda y la oferta y las opciones de creación de empleos está centrada en el sector privado y los emprendimientos sin garantías de protección social e ingresos justos y sin estrategias claras de cómo se aumentará el emprendimiento en las mujeres, cuando hoy solo son el 20% de la población emprendedora; se anula la responsabilidad estatal de creación de empleos. En este sentido, se habla de teletrabajo como opción para las mujeres en una mirada que refuerza la idea la función de cuidado asignada históricamente a las mujeres, al facilitar las condiciones para su ejercicio. 

“El Departamento Administrativo de la Función Pública diseñará lineamientos y estrategias que promuevan la equidad en el ámbito laboral dirigidos al sector público, las cuales estarán orientadas al fortalecimiento de prácticas amigables como horarios flexibles, teletrabajo, entre otras buenas prácticas en talento humano.” Bases DNP página 842.

El plan no presenta metas, indicadores ni presupuesto que sustenten las acciones para la equidad de género, sobre todo en materia laboral. A pesar de un extenso diagnóstico presentado en 2018 en materia de mujeres, las bases se quedan cortas para explicar los objetivos y estrategias para superar condiciones de desigualdad, pero lo más grave es que las mujeres no aparecen en el articulado que es finalmente donde se hace de obligatorio cumplimiento como proyecto de ley.

La ausencia de una mirada del sector rural desde la población femenina es preocupante, el acceso a titularidad de tierras y la mejora de condiciones laborales carecen de profundidad y estrategias de superación de inequidad en el campo.

Frente a la economía de cuidado, si bien se plantea dentro de las bases, se pierde el enfoque propuesto por la Mesa Intersectorial de Economía de Cuidado, por ejemplo, se limita el sistema a la articulación de la institucionalidad ya existente, sin mayores aportes a construir realmente el sistema que conlleve a la distribución del trabajo de cuidado. Como bien lo han planteado algunas congresistas como Ángela María Robledo, la propuesta del Plan en materia de cuidado se centra en el cuidado del otro: niños y niñas, personas mayores y con discapacidad. Pero el DANE ha demostrado que ese tipo de cuidados sólo equivalen al 20 % del tiempo que las mujeres gastan en los hogares. El otro 80 % tiene que ver con la elaboración de alimentos, con limpieza de las casas, con cuidar el espacio habitacional. No hay ninguna propuesta que tenga que ver, por ejemplo, con comedores comunitarios para liberar el tiempo de las mujeres en lo que tiene que ver con alimentación.

Así las cosas, las mujeres en Colombia seguirán pasando trabajos y penurias para concretar un camino real hacia el trabajo decente.

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[1] DANE. Gran Encuesta Integrada de Hogares, según sexo 2018

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