Una mirada al sindicalismo palmero en el Meta

–Entrevista con Héctor Romero, presidente de Sintraimagra–

En el sector de la palma en los Llanos Orientales, cuyas mayores plantaciones se encuentran en el departamento del Meta, la lucha sindical la sostiene básicamente el Sindicato Nacional de la Industria de Productos Grasos y Alimenticios (Sintraimagra), una de las organizaciones más antiguas del país, que el próximo año cumple medio siglo de existencia.

Con 20 subdirectivas y 2 mil afiliados en todo el país, como sindicato de industria afiliado a la CUT Sintraimagra hace presencia en unas 30 empresas, nacionales y multinacionales, entre ellas Coca-cola, Alpina, Proleche, Parmalat, y en varias empresas avícolas, entre otras.

En el sector palmero, Sintraimagra hace trabajo sindical en dos empresas del departamento del Meta: Unipalma de los Llanos, en el municipio de Cumaral, desde mediados de la década de los 80; y Aceites Manuelita, en San Carlos de Guaroa, donde llegó en el año 2007.

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Según Héctor Romero, presiente nacional de Sintraimagra, en la última década los cultivos de palma han crecido notablemente en esta región de Colombia. Se encuentran en expansión, dedicados en su mayor parte a la producción de combustible biodiesel.

Y a la par el sindicalismo también ha ido creciendo, pese a la resistencia patronal, que en ninguno de los 30 años que Sintraimagra lleva en el sector palmero ha dejado de ponerle obstáculos. El principal de ellos es la promoción de sindicatos de base, “de bolsillo” según Romero, con el objetivo de neutralizar el avance del sindicalismo de industria en el sector.

La Agencia de Información conversó con Héctor Romero sobre el tema:

¿Recuerda cómo empezó la actividad sindical en los cultivos de palma en el Meta?

Héctor Romero, presidente de Sintraimagra.

Iniciamos en Cumaral en 1987, en la empresa Unipalma de los Llanos, con 100 trabajadores afiliados, que pronto van a ser muchos menos por efecto de la violencia que se desató en aquella época por cuenta del paramilitarismo. Una de las víctimas fue el compañero Luis Eduardo Yaya, asesor del sindicato por parte de la CUT. A la organización prácticamente le tocó retirarse de la región. Eso lo aprovechó la empresa para montar un sindicato de base en el año 1990, e hizo que el personal de Sintraimagra se retirara y lo obligó a afiliarse al sindicato de bolsillo. Sin embargo, quedaron algunos afiliados que mantuvieron latente la organización, aunque cometieron el error de entregar puntos claves de la convención colectiva, que ahora es difícil recuperar. Hoy en Unipalma tenemos 48 afiliados.

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¿Y en Manuelita?

A Manuelita llegamos hace diez años. Empezamos capacitando a los trabajadores, que en su mayoría estaban tercerizados por cooperativas. Acudimos a las querellas ante el Ministerio de Trabajo para lograr su formalización, y eso permitió algunos acuerdos con la empresa para aumentar la planta de trabajadores directos. En los últimos 4 años ha firmado contrato directo con unos 500 trabajadores, y a muchos de ellos hemos logrado sindicalizar. Empezamos con 30 afiliados y hoy tenemos 220 en Manuelita. Los planes ahora son entrar a hacer trabajo sindical en Puerto Gaitán, en los territorios donde estaban las petroleras, donde hay proyectos de plantaciones de palma. Ya allí hemos hecho contacto con trabajadores en coordinación con la USO. Y también pesamos llegar al departamento del Casanare, donde hay cultivos grandes de palma.

¿Qué dificultades han tenido?

Nuestras mayores dificultades son las que nos ponen las empresas, porque tanto en Manuelita como en Unipalma la política es la misma: prohibir la afiliación de los trabajadores al sindicato, y promocionar su afiliación a los sindicatos de bolsillo que ellas mismas han creado. Cuando ingresa un nuevo trabajador lo primero que hacen después de firmar el contrato, es hacer que se afilien al sindicato de la empresa. Eso lo siguen haciendo actualmente. Otra dificultad es el temor que les han infundido para que no se afilien al sindicato. Pero ya los trabajadores han visto que el sindicato les sirve. Por ejemplo, con ayuda del CAL Móvil, que ha sido una ayuda muy importante, les colaboramos con las tutelas y derechos de petición, sobre todo en su derecho a la salud y la seguridad social, un tema muy sensible en la zona. Y en ese campo hemos logrado triunfos importantes.

Y en cuanto al diálogo social entre las empresas y el sindicato, ¿cómo va el asunto? ¿Sigue la resistencia antisindical?

Ha mejorado un poco. Ya nos reciben a las reuniones y escuchan nuestras peticiones. Antes no lo hacían. Cada dos meses nos reunimos y miramos los puntos a tratar. Pero aún persisten en fortalecer sus sindicatos de base, que manejan como quieren, en detrimento de Sintraimagra. Estos sindicatos son mayoritarios en ambas empresas, y por tanto son los titulares de las convenciones colectivas. Firman primero la convención, y esa sirve de rasero de la convención que firman con nosotros, y así bloquean nuestras peticiones. Hace un mes firmamos convención con Unipalma, y ahí se presentó esa dificultad.

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Finalmente, ¿cómo cree que los acuerdos de paz le abren posibilidades a Sintraimagra en el sector de la palma?

Nosotros venimos apoyando el proceso de paz porque en la región de los llanos, como en la mayoría del país, le violencia pegó fuerte. Esperamos que el acuerdo de paz en la etapa del posconflicto nos sirva a los sindicatos para organizar más claramente a los trabajadores, sin miedo. Ya se está sintiendo el efecto. La violencia ha disminuido en la región, nos podemos mover sin temor. Anteriormente entrar en esas regiones no era fácil.

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