“La profundidad de las reformas depende de que se mantenga la movilización en la calle”, dice dirigente de CUT Chile

La “Primavera de Chile”, la “Revuelta de octubre”, la “Revolución de los 30 pesos”, diversos nombres para la gran explosión social que sacude a este país suramericano desde el 18 de octubre, cuando se inició una movilización multitudinaria de protesta sin precedentes, que aún no termina y que ha sido reprimida violentamente con saldo de más de 30 muertos.

En todo caso, es el peor malestar civil ocurrido en Chile desde el fin de la dictadura de Pinochet. Si bien su causa inmediata fue el alza de las tarifas del transporte público, ésta se extendió por todo el país y escaló lo de las tarifas. Ahora se exige cambios de fondo contra el alto costo de la vida (Santiago es la segunda ciudad más cara en América Latina), las bajas pensiones, los precios elevados de fármacos y tratamientos de salud, y contra toda la clase política, incluida la propia Constitución Política del país.

​ Como se ve, no son muy diferentes a los reclamos que hoy hace la gente en las calles de Colombia, donde el estallido social siguió al de Chile. En ambos países las protestas se caracterizan por ausencia de líderes visibles y la incorporación de un amplio espectro de clases bajas y medias, con el telón de fondo de una causa común: la desigualdad reinante. De Chile se dice que es un país con el nivel de renta de un rico y la desigualdad de un pobre. En cualquier caso, los chilenos consideran que el Estado no hace lo suficiente, que ha fracasado.

En respuesta a las presiones, el gobierno de Sebastián Piñera anunció una reforma constitucional y lo que llamó una “agenda social”, que incluye medidas sobre pensiones, salud, salarios y la administración pública, que sin embargo no han amainado las marchas y manifestaciones

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Para hablar de la situación de Chile desde la perspectiva del movimiento sindical, uno de los estamentos que han participado e impulsado las protestas, la Agencia de Información Laboral conversó con Horacio Fuentes, integrante del comité ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile, y a la vez presidente del Sindicato de Trabajadores de la industria:

¿Cuál fue el papel del movimiento sindical en la génesis del estallido social en Chile, y cuál su papel ahora, para que éste se mantenga?

Desde hace bastante tiempo el sindicalismo en Chile viene denunciando el agravamiento de la situación social, y en esa medida ha realizado múltiples manifestaciones pacíficas, desde antes del estallido social del 18 de octubre. Ese día los estudiantes de bachillerato y universitarios rechazaron el alza del transporte público, pero había también otros colectivos y sectores que estábamos incubando un malestar y una situación insoportable, entre ellos el movimiento sindical. Lo que éste ha hecho es sumarse a la protesta como un actor más, de ninguna manera queriendo suplantar el rol de otras organizaciones sociales y colectivos, más de 200, estudiantiles, de mujeres, indígenas, todas reunidas en lo que se llama la “Unidad Social”, que representan a gran parte de quienes protestan y es la que ha tratado de canalizar el movimiento. Llegar a esto no ha sido fácil, pero por lo menos hoy día tenemos otra mirada, y esa mirada va a seguir profundizándose en la calle en la protesta social

¿Cómo caracterizaría usted el momento político y social que vive Chile? ¿Desbordó las previsiones?

A todos nos tomó por sorpresa este estallido social. Y enhorabuena que haya llegado. Hoy día se vive un clima de movilizaciones en todos los aspectos, y eso es muy importante. Las demandas de la sociedad son legítimas, tienen muchos años y no han sido escuchadas. Desde hace tiempo buscamos la reforma de la Constitución Nacional, y no se había podido. Lo importante es que ahora el proceso se aceleró. Ya hay un mecanismo y un procedimiento para hacer realidad la reforma constitucional. Porque nuestra Constitución por 30 años ha estado al servicio del modelo neoliberal, con el cual los partidos políticos han estado casados, presos en la camisa de fuerza que les impone la Constitución. Por eso la prioridad es una nueva constitución que le permita al pueblo chileno un buen sistema de pensiones, una salud y un transporte público eficiente y una educación de calidad financiada por el Estado. Un Chile inclusivo, en otras palabras. Porque el modelo neoliberal se agotó, Chile ya no lo quiere. Como tampoco quiere la corrupción en las entidades del Estado y en la empresa privada.

El tema pensional está en el centro del debate. ¿Por qué lo rechazan?

Es un sistema de ahorro forzoso, manejado por el sector financiero, es ahorro individual al que todos estamos obligados a cotizar. Pero la capitalización es muy baja. Las mujeres se pensionan a los 60 años y reciben una mesada que equivale al 25% de su última remuneración mensual. Los hombres se pensionan a los 65 años y reciben el 28% de su última remuneración. O sea que si se ganabas un millón le toca sobrevivir con un cuarto de ese sueldo. Es una condena a la pobreza absoluta de la gente, mientras los recursos de las pensiones se van para las corporaciones financieras.

Y los sindicatos, los trabajadores, ¿cuáles son sus reclamos concretos en esta coyuntura?

Estamos reclamando un código laboral que permita un mejor equilibrio en la relación capital trabajo, cosa que ahora no hay. También pedimos la posibilidad de negociar colectivamente por rama, la cual en Chile no está permitida, apenas la negociación en el ámbito de la empresa. Hay posibilidad de negociar por rama solo si los empresarios se ponen de acuerdo, y ellos nunca se van a poner de acuerdo. Pedimos derogar el artículo 161 del código laboral, que le permite al empleador despedir al trabajador cuando quiera pagándole una miga de indemnización. Y lo otro es que si hacemos huelga en el portón nos pueden detener y hacernos un juicio.

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¿Qué piensa de la posición del Gobierno Piñera?

Hay una manifiesta debilidad del Gobierno. No tiene capacidad para responder a los reclamos sociales, aparte de los carabineros y la represión. Radicó en el parlamento de Chile la ley anticapuchas y antibarricadas, para reprimir más las protestas.

¿Qué futuro le ve a su país? ¿Para dónde va todo esto?

Quisiera poder responderle, pero no se sabe. Lo que sí tengo claro es que independiente de lo que sea y lo que pase, Chile va a ser distinto después de esto. La profundidad de las reformas depende mucho de que logremos mantener la movilización. Ya hay un cansancio natural, vamos para dos meses de movimiento. También la fecha, diciembre y vacaciones, menguan la protesta, pero eso no significa que la gente se vaya a desmovilizar.

 ¿Por qué han sido tan violentas las manifestaciones? 30 muertos son muchos. En contraste con Colombia, donde también hay represión y muerte, pero no en ese número

Antes de dar esa respuesta quiero decir que el sistema, el régimen en Chile con su política neoliberal, ya es violento. Desde hace 30 años lo es. Qué más violencia que la concentración de la riqueza en tan pocas manos, o un salario que no permite vivir decentemente, o el mal servicio de salud. Mi padre se murió esperando atención médica. A los trabajadores se nos condena a la miseria y pobreza absoluta. Ahora, con los saqueos y actos de vandalismo y la violencia, no vamos a estar nunca de acuerdo.

Finalmente, ¿qué piensa de lo que pasa en Colombia? En nuestro país también asistimos a un estallido social.

Lo primero es que nos solidarizamos con la lucha colombiana y tenemos alta consideración por lo que está pasando. Estamos muy contentos porque Colombia, que es uno de los países más atrapados por el imperio yanqui, por fin despertó. El despertar del pueblo en las calles es señal clara de que el discurso ese del castrochavismo se fue al carajo. Al igual que en Chile, lo que se pelea en Colombia son mejores condiciones de vida, contra el modelo neoliberal. Espero que sigan en la lucha, porque los colombianos, y todos los latinoamericanos, nos merecemos un mundo mejor. Y ya sabemos que es posible. Así que fuerza Colombia en esa protesta en las calles, que me parece justa y legítima.

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