“En contratación colectiva estamos en el peor momento de la historia”

“Hoy podemos aseverar, con muchos ejemplos, que estamos en el peor momento de la historia del movimiento sindical en lo que se refiere a contratación colectiva”, señaló Gustavo Triana, Vicepresidente de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, quien la semana pasada estuvo en Medellín participando en el encuentro anual de directores de departamentos de negociación colectiva y asuntos jurídicos de esta central sindical.

En la siguiente entrevista el señor Triana, quien lleva 30 años en la dirigencia sindical, hizo un panorama general del estado de la negociación colectiva en el sector público y privado, se refirió a la tercerización laboral como la mayor amenaza que hoy enfrenta el sindicalismo, a los efectos del Decreto 535 de negociación colectiva en el sector estatal, y al contrato sindical, del que dijo que es la negación de la contratación colectiva.

¿Usted, que lleva 30 años en el mundo sindical, como calificaría la situación actual del sindicalismo en cuanto a contratación colectiva?

Después de logros tan importantes en materia de legislación laboral como el Código Sustantivo del Trabajo, el seguro social, la incorporación al bloque constitucional de los convenios de OIT, hoy podemos aseverar, con muchos ejemplos, que estamos viviendo el peor retroceso en la historia del movimiento sindical y dentro del mismo la extinción de los derechos de asociación y contratación colectiva. Si en Colombia tuviéramos un estado de derecho, lo que debería regir las relacionas laborales de todos los trabajadores es el Código Sustantivo del Trabajo, excepto para empleados públicos, docentes y los empleados civiles de las fuerzas militares que tienen carrera administrativa propia. Pero ese Código que se ha adelgazado a un estado casi de anorexia, no rige para más de 5 millones de trabajadores que están tercerizados en cooperativas de trabajo asociado, con órdenes de prestación de servicios, contratos civiles, en provisionalidad, outsourcing. Porque tercerizar implica negar la relación laboral y con ello negar la asociación sindical, la contratación colectiva y la normatividad internacional del trabajo. Es burlar de frente los convenios de la OIT.

¿Qué cifras maneja usted sobre contratación colectiva?

Las cifra más optimistas dicen que ésta cobija a unas 200 mil personas, bien por convención o por pacto. Y un reciente estudio que contrató la OIT con laboralistas de la Universidad Libre, da cuenta de que apenas un 0.5% de la población económicamente activa goza de contratación colectiva, o sea unos 100 mil trabajadores.

¿A qué atribuye usted esa baja cobertura?

En todas mis intervenciones ante sindicalistas yo he dicho que el principal problema que hoy afrontamos los trabajadores no es si tenemos la estructura sindical adecuada o no, o si logremos la unidad de las tres centrales, cosas que de suyo son importantes. El problema mayor es la tercerización laboral, que nos puede llevar a la extinción. Está acabando con los sindicatos y las convenciones colectivas. De hecho éstas tienen una vida ya estimada. Cuando se jubilan o se mueran los trabajadores sindicalizados, ¿cómo van a seguir vigentes las convenciones colectivas si el resto está tercerizado, sin posibilidades de acceder a la organización sindical?

¿Qué hacer entonces, cómo resistir y revertir esa situación?

La resistencia más ejemplar ha sido la del paro de los corteros de caña, que están en cooperativas, y la extensión de la convención colectiva a 11 mil contratistas que logró la USO en Ecopetrol. En la Drummond también se han logrado vincular en las negociaciones colectivas a más de 400 trabajadores de contratistas, es decir, volvieron a la nómina de la empresa. En esta misma empresa las mujeres, que son el 70% de las personas que trabajan en el casino, hace dos años largos hicieron un paro de 15 días, crearon una subdirectiva de Sinaltrainal, presentaron pliego de peticiones y lograron una convención colectiva que ampara a más de 500 trabajadores. Son personas con contrato individual de trabajo de una empresa contratista de la Drumond, que si mañana pierde el contrato, el nuevo contratista debe emplearlas. Eso es estabilidad, aunque no en la forma en que la señala el Código Sustantivo de Trabajo. Y todo eso se ha logrado con lucha.

¿La negociación por rama económica sería otra salida?

En la práctica lo más aproximado que tenemos en Colombia a la negociación de rama económica, es la que hace Sintrainagro con los trabajadores del banano en Urabá, así no lo puedan hacer al mismo tiempo con los del Magdalena o con los de la palma. Es estratégico para el movimiento sindical alcanzar algún desarrollo práctico de la negociación por rama, que hoy tiene un estorbo no atribuible a la CUT ni a los dirigentes sindicales, sino a la realidad del país: es muy difícil desarrollar sindicalismo de rama económica sino se tiene negociación de rama. Por mucho que los trabajadores busquen la unidad para presionar y defenderse de los patronos, ese propósito queda cojo si no cuentan con el mecanismo de negociación. Contar con ese mecanismo es lo que le da tanta cohesión a Sintrainagro. ¿Por qué FECODE, siendo federación sindical, se mantiene armonizado y cohesionado y es el que mejor libra las luchas sindicales? Porque es una Federación que se comporta como un sindicato de rama: centralizado en el comité ejecutivo, con una conformación democrática de sus organismos de dirección, con unos sindicatos de región que obedecen al comité ejecutivo central. Además con una ventaja: todavía tiene interlocución nacional unificada, así se haya descentralizado la educación y se hayan certificado varias ciudades. Lo que acaba de ganar en el tema pensional, lo ganó en una negociación que se asimila perfectamente a rama económica.

El Decreto 535, que este año reglamentó la negociación de los empleados públicos, no parece haber servido mucho. ¿Qué apreciación tiene usted?

Este decreto reglamentó la Ley 411 que incorpora a la legislación el convenio de la OIT sobre negociaciones colectivas. Pero el gobierno lo dictó por puro maquillaje, para mostrarle a la OIT que estaba haciendo algo en esa materia, porque en la práctica no resuelve nada. Es más, es a todas luces un retroceso. Era mejor lo que había antes. Hay cantidad de casos en los que los empleados públicos obtuvieron mejores prerrogativas que las que supuestamente promueve el 535. Como fue el caso de los acuerdos que se firmaron en 2000 y 2002 en el Sena, que se llamaron “Acuerdo Colectivo del Sena con Sindesena”; o el acuerdo del ICBF con sus sindicatos; o las convenciones para empleados públicos que se firmaron en los municipios de Barrancabermeja y La Dorada, entre otros.

¿Qué balance dejan las conversaciones que, en el marco del Decreto 535, se han adelantado este año entre los sindicatos y las empresas estatales?

Muy pobre. FECODE y el ministerio de educación apenas lograron acuerdo en media docena de artículos sin que a la fecha hayan sido expedidos los respectivo actos administrativos. El que se firmó en la DIAN, que tiene algunas prerrogativas sindicales, no modificó en nada la situación salarial de los trabajadores. En estos momentos hay negociaciones en el Sena y el ICBF, que tampoco son prometedores. Hay sí algunos progresos en el Distrito Capital de Bogotá, pero son atípicos, porque se deben a la relación que los sindicatos tienen con la administración del Polo Democrático, no se extienden al resto del país.

¿Cómo funciona en la práctica la negociación colectiva bajo el Decreto 535?

Se sientan a negociar el pliego de peticiones los representantes de las entidades estatales y los del sindicato, se escuchan las argumentaciones y al final se levanta un acta de acuerdos y desacuerdos, que la entidad está obligada a concretar mediante decretos o acciones administrativas, sin derecho a prórroga. Pero estos pliegos son de solicitudes respetuosas, no pueden hablar de salarios, prestaciones sociales, políticas de las entidades, porque afecta los presupuestos nacionales, departamentales y municipales. Tampoco pueden hablar de estabilidad, porque pertenecen a la carrera administrativa, y no pueden referirse a la planta de personal.

¿Para qué ha servido entonces el Decreto 535?

Ha servido para que los sindicatos demostremos su fracaso dentro de lo que universalmente se entiende como contratación colectiva. Estamos en el proceso de acopiar información para demostrarle a la OIT que esa medida del Gobierno no ha dado ningún resultado y que, como le dije, es un retroceso frente a logros anteriores a su expedición.

¿Qué nos puede decir sobre negociación colectiva en el caso de trabajadores que están por contrato sindical?

El contrato sindical es una negación de la negociación colectiva, porque en últimas se convierte en una oferta comercial de parte del sindicato para realizar una labor o prestarle un servicio a una empresa. De tal manera que el sindicato termina siendo un intermediario laboral, y su comportamiento es el mismo que adopta una empresa contratista o de outsourcing. Es decir, el sindicato pierde su naturaleza reivindicativa y pasa a ser contratista. Algunos sindicatos acuerdan que van a pagar el salario estipulado en la convención colectiva con la empresa, pero eso es una falacia, porque no pueden pagar más de lo que determine la oferta comercial que hacen y que tiene un marco de competencia con otros oferentes.

El argumento de que el contrato sindical fortalece al sindicalismo, ¿le parece suficiente?

Si bien es cierto que el contrato logra mantener la población sindicalizada, la pregunta es para qué. Si la población sindicalizada se mantiene para que sea objeto de sobreexplotación laboral, se pierde la esencia del sindicalismo, y para eso tiempo sobra. Lo otro es que no siempre el contrato sindical resulta rentable para esos sindicatos. Tenemos el caso de la subdirectiva de Anthoc Huila que hizo un contrato sindical con un hospital. Una enfermera tuvo un accidente de trabajo y después de terminar el contrato presentó un reclamo al sindicato, que fue condenado a pagarle 70 millones de pesos de indemnización, y eso no estaba en el contrato de venta del servicio. Otro caso fue el contrato sindical que hizo Sintraelecol para operar Hidroprado, en el Tolima. Por las variaciones del precio del kilovatio en la bolsa de energía, el sindicato terminó perdiendo en un año 130 millones de pesos. El contrato sindical es bandera del uribismo, y por mero instinto, del mismo nunca esperemos nada bueno los trabajadores.

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