Soros, Duque y la economía naranja

Soros, Duque y la economía naranja. En esta columna nos explican la relación del candidato del Centro Demócratico  con George Soros.  

Por Carlos Julio Díaz Lotero. Analista ENS.

Iván Duque no oculta su profunda admiración por la figura y filosofía del mega especulador George Soros, quien promueve un mundo globalizado sin fronteras, de libre movilidad de capitales, bienes y servicios, quien sueña con un Nuevo Orden Mundial gobernado por una élite oligárquica que supuestamente garantizaría la paz, la democracia y la estabilidad financiera global, en detrimento del Estado Nacional soberano.

George Soros es un especulador financiero que ha destruido países, y generado caos y revueltas sociales en muchos lugares del planeta; un potentado que opera con máscara de filántropo.

Para tratar de comprender a este nefasto y paradógico personaje, una entrevista reveladora, es la que le concedió en 1993 al célebre programa de televisión de CBS, “60 Minutos”, en la que trata de explicar cómo puede ser un inmoral especulador en la mañana y uno de los filántropos más generosos en la tarde. Y al mismo tiempo se enreda tratando de narrar su infancia en la Budapest ocupada por la nazis, en la que gracias a la fortuna de su padre logró escapar el exterminio de 500 mil judíos húngaros.

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En un artículo escrito por Iván Duque, publicado en el periódico Portafolio en abril de 2010, titulado “Las lecciones de Soros”, no solo se despacha en elogios a este especulador, a quien presenta como un gran filósofo, sino que plantea que el único camino que nos queda es avanzar hacia el modelo de sociedad abierta que propone Soros.

Por su trayectoria, Duque ha estado más vinculado a los intereses del capital financiero transnacional, y de George Soros en particular, que al sector latifundista colombiano, como parecen indicarlo sus propuestas como candidato presidencial. (Según su biografía, fue ganador de una beca del National Democratic Institute (NDI), una organización financiada por Soros)

No obstante, no existen grandes diferencias entre el latifundismo improductivo y el rentismo parasitario del capital financiero. Ambas son prácticas más cercanas al feudalismo que a un capitalismo moderno, basado en el desarrollo industrial, la innovación, la ciencia y la tecnología.

Las propuestas económicas de Duque no se caracterizan por desprenderse de la economía extractivista, exportadora y especulativa, que aporta poco al empleo y a la redistribución de la riqueza. Sus propuestas no apuntan a un país que transforme los bienes primarios agregando valor por medio de la inteligencia, y mejore procesos mediante la investigación.

 De la especulación financiera a la economía naranja

La tarea más destacada de Iván Duque en materia de desarrollo económico, la hizo como funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo. En asocio con Felipe Buitrago publicaron un libro titulado “La economía naranja, una oportunidad infinita”. Y más recientemente como senador de la República, promovió la ley 1834 del 23 de mayo de 2017,  que lleva por nombre precisamente “ley naranja”.

Pero, ¿qué es la economía naranja? Como lo plantea Duque en su libro, el desarrollo, la creación de riqueza y la generación de empleo no se logran con industrias que agreguen valor, construyendo ferrocarriles o hidroeléctricas, sino realizando musicales y conciertos.

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De hecho le parecen más importantes para la economía, la riqueza y el empleo los diez musicales más exitosos de Broadway en los últimos treinta años, que la construcción de la hidroeléctrica de las Tres Gargantas por parte de China, la más grande del mundo.

De la economía naranja  hacen parte las llamadas economía cultural y la industria creativa, actividades como el turismo, los festivales, los carnavales, la fotografía, la pintura, el cine, la televisión, la radio, la publicidad, el diseño, entre otros. Según Iván Duque, le aportan más al PIB de un país que la agricultura, la ganadería, la industria y el desarrollo de la infraestructura económica y social.

Sin desconocer la importancia que para el desarrollo social e integral del ser humano tienen la cultura y muchas de las actividades creativas, decir que los problemas del desempleo, la precariedad laboral, la pobreza y la desigualdad se van a resolver al impulso de la economía naranja, es un engaño.

De hecho las personas que van a cine, al teatro, o dan algún aporte a un grupo de titiriteros en un festival, son trabajadores que derivan sus ingresos de un trabajo en una empresa del sector rural, industrial o de servicios. La cultura incluso hoy subsiste más por el apoyo estatal, que por los ingresos que genera de manera directa.

No serán el latifundismo improductivo, el capital financiero especulativo, ni la economía naranja los que resolverán los problemas estructurales que nos aquejan dese hace varias décadas, y que generan alto desempleo, bajos ingresos, trabajo infantil, pobreza y desigualdad. Es en torno al desarrollo industrial, a la agricultura y la producción de alimentos, a la ciencia, la tecnología y la infraestructura, como podremos salir de la pobreza y lograr que florezca la cultura. Eso es lo que viene demostrando la República Popular China. Según el Banco Mundial, la pobreza en este país cayó del 67% en 1990, al 1% en 2014. Si China lo hizo, ¿por qué nosotros no?

 

 

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