Poder político vs. voluntad política: propuestas y promesas de la campaña electoral

Por Carlos Alfonso Ortiz Lancheros

“No se debe aumentar el IVA ni el impuesto a la renta, las reformas tributarias generan inestabilidad jurídica”.Le puedo firmar sobre piedra, o sobre mármol si es necesario, que no voy a incrementar los impuestos durante mi Gobierno”, esto dijo nuestro actual presidente Juan Manuel Santos en un foro sobre gestión pública el 2 de junio de 2010, en la contienda electoral de entonces. Promesa y propuesta de campaña rotas cuando presenta una reforma tributaria al Congreso lesiva para los intereses de las mayorías de los trabajadores y trabajadoras, que incluyó un aumento del IVA del 3%.

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El ejemplo del Presidente Santos no es el único. Son muchas las ocasiones en que lo que dice como candidato no es lo que hace una vez elegido; y nos recuerdan esas inteligentes palabras del “Moro” del siglo XIX: “A los hombres se les debe juzgar, no por lo que dicen, sino por lo que hacen, no por lo que pretenden ser, sino por aquello que en realidad son”.

Hay que ver de cerca a nuestros actuales candidatos a la presidencia y evaluar en detalle a qué intereses realmente obedecen y responden. Es decir, fuera de la retórica de la democracia liberal que redunda en cada uno de ellos, de su pose de incorruptibles, coherentes, independientes, honorables e inflexibles en sus postulados y premisas, en realidad se encuentran sujetos a las dinámicas propias del régimen político colombiano –marcadamente clientelista-, y la política como expresión y articulación de la lucha de clases que superpone el poder político a la voluntad política de los elegidos.

Las palabras se las lleva el viento. La ejecución de un programa y un plan de gobierno está sujeto al poder político, no a la buena voluntad de un gobernante o jefe de Estado. El poder se manifiesta, se ejerce, es relacional, no es un objeto que se toma, y en esa medida es algo que también se construye. Por ello en la historia del país ha habido un sinnúmero de momentos de gobernantes sin poder.

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En ese mismo sentido están los financiadores de las distintas campañas políticas. Dicen las sagradas escrituras: “donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. Es decir, en sentido material, quienes ponen la plata esperan obtener rendimientos de su inversión. Al invertir en costosísimas campañas, los empresarios privados –legales e ilegales-, financistas al fin y al cabo, no pretenden otra cosa que ver su inversión retribuida en contratos, puestos y políticas públicas.

Así, lo que aparenta ser un tema de voluntad política y decisiones personales de una monarquía constitucional, encubre un entramado de relaciones de poder bajo el manto ideológico de la democracia y de la desmentida teoría de la elección racional.

La elección presidencial que se avecina presenta grandes retos y oportunidades para liberar a los ciudadanos del engaño de los discursos. Hay que observar con detenimiento las distintas hojas de vida y las carreras políticas de los aspirantes. “Quien es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho”, quienes mienten sobre sus títulos profesionales, sus logros académicos o verdaderos patrocinadores, no son dignos de confianza.

Un voto informado es un voto en contra de los corruptos, de “los mismos con las mismas”; es un voto a favor del cambio.

 

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