Empleo e informalidad en la propuesta de Iván Duque

Jorge Coronel

Por Jorge Coronel L, Economista y Mg. en Economía. Profesor Universidad de Medellín. Columnista Diario Portafolio

Antes de entrar en el análisis de las propuestas del candidato del Centro Democrático, Iván Duque, vale la pena hacer un planteamiento sobre el estado del mercado laboral colombiano para revelar los problemas que se deberían combatir. En tal sentido, si se analizan los indicadores laborales agregados –tasa de ocupación y tasa de desempleo– sería fácil concluir en términos generales que el mercado de trabajo viene mejorando debido a que el empleo muestra una tendencia creciente desde hace una década (2008) mientras que el desempleo disminuye casi que paulatinamente desde 2002. Estos resultados podrían considerarse como positivos para el mercado laboral y el país; pero esta conclusión no sólo es equívoca, sino que quien se atreva a hacerla estaría reflejando un desconocimiento por la realidad de un mercado que no puede explicarse exclusivamente desde los agregados o indicadores mencionados, sino que obliga a plantearse más preguntas e ir más allá.

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Gráfico 1

Evolución del desempleo 2001-2017

 

 

La ocupación ha venido creciendo porque el empleo particular y el trabajo por cuenta propia son las dos posiciones ocupacionales más representativas, es decir, donde hay mayor número de ocupados; por ejemplo, el año pasado (2017) representaron el 39% y el 43% respectivamente sobre el total de ocupados en el país (ver gráfico 2). También ha crecido la ocupación gracias a los resultados del comercio, las actividades inmobiliarias y los servicios sociales y personales, lo que indica entonces que el mercado laboral está muy expuesto al fenómeno del cuentrapropismo, ha entrado a depender de sectores con ciclo muy definidos pero al mismo tiempo son sectores muy expuestos a la informalidad.

Gráfico 2

Población ocupada según posición ocupacional (cifra en miles)

 

Dicho en otras palabras casi la mitad de los ocupados en Colombia corresponden a personas que trabajan por cuenta propia o de forma independiente lo cual representa un riesgo para la calidad del empleo debido a la alta probabilidad de que sean empleos precarios, con alto riesgo de desprotección social, con tendencia fuerte a la informalidad y con fuertes limitaciones para hacer planeación de largo plazo, ya que la incertidumbre laboral en que persisten no les habilita tal posibilidad. Además, cuando el empleo es jalonado por sectores como el comercio, es un empleo con característica cíclica, temporal, de corto plazo e informal en mayor proporción[1]. Estas condiciones ponen a los trabajadores en desventaja y pueden ser el detonante de otros problemas, los cuales están relacionados con el bajo nivel de ahorro, las dificultades para acceder al crédito legal y las fuertes restricciones para adquirir vivienda. De manera que desde esta perspectiva las conclusiones sobre el supuesto buen desempeño del mercado laboral planteado al principio, queda en tela de juicio y lo que se observa es una cantidad de problemas que son los que deberían intentar resolverse desde la política nacional.

El otro problema es la informalidad. Si bien en los últimos años la informalidad por seguridad social ha disminuido, todavía se encuentra en niveles altos: 57% en salud y 60% en pensión, mientras que la informalidad por tamaño de empresa es el 48%.

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Reducir estas tasas debe ser un imperativo para cualquier política laboral, pues es una buena ruta para mejorar el bienestar social. Sin embargo, la intervención no podrá ser sólo normativa, sino que también implica otros esfuerzos, como el fiscal, ya sea para mejorar el control y la vigilancia o también está relacionada con las mejoras en productividad empresarial, para permitir que sus resultados y los costos de la formalización sean atractivos.

Gráfico 3

Porcentaje de informalidad por seguridad social: salud y pensión

 

Análisis de las propuestas de Iván Duque

Bajo el anterior planteamiento y teniendo en cuenta las propuestas del candidato se puede afirmar que hay un desenfoque en razón a que no reconoce de una manera clara los problemas evidenciados. Antes al contrario, algunas propuestas podrían profundizar dichos problemas o ciertos fenómenos.

Estructura de las propuestas del candidato Iván Duque

 

Una primera crítica que habría que plantear es que sus propuestas no parten de un análisis riguroso del mercado laboral colombiano. A juzgar por lo dicho en el documento dichas propuestas son producto de un marco de discusión nacional, donde tal vez han quedado por fuera los análisis técnicos que corroboren y confronten dichas discusiones. Esto parece evidente porque por ningún lado el candidato plantea el cuentapropismo como un problema, lo cual induce a pensar que al no estar en su radar bajo esta consideración pues no será objeto de intervención y peor aún, tal vez comulgue con esta modalidad de contratación sobre la cual la Organización Internacional del Trabajo –OIT– y la misma OCDE –a donde Colombia aspira a ingresar– ha manifestado el peligro que representa.

Otra debilidad de sus propuestas es que no diferencia el empleo urbano y rural, es decir, deja la sensación de que sus intervenciones están pensadas bajo el supuesto de que estos tipos de empleos soportan y requiere las mismas políticas, lo cual no es cierto y resulta impreciso. Tampoco hace mención al empleo agrícola, que es donde existen también posibilidades para ampliar el nivel de ocupación dada la potencialidad del sector, aunque a esta iniciativa también habría que incorporarle aspectos educativos, pero no se evidencia ni lo uno, ni lo otro.

Tal vez el candidato sólo ve como problema del mercado de trabajo el desempleo, por ello que piense en crear puestos de trabajo. Pero en esta idea se equivoca al recurrir a los impuestos como un estímulo, es decir, que supone el candidato que al otorgar beneficios tributarios pues los empresarios se sentirán estimulados a realizar más inversión y por esa vía tendrán que crear nuevos empleos. Esta idea es seductora, y tal vez la gente la considere cierta y válida, pero tiene serios problemas, por ejemplo: supone que los beneficios tributarios actuarán como un estabilizador automático capaz de lograr impactos en la inversión, de manera que ésta última parece que sólo dependiera del valor del impuesto a pagar más no de la tasa de interés, la demanda de productos, la capacidad de financiamiento de los empresarios, entre muchas otras; luego el candidato pasa por alto estas consideración que son determinantes de la inversión y podrían luego explicar por qué una reducción de impuesto no condujo a más empleo, como ya ha pasado en el país. Otro de los problemas es el costo de oportunidad que genera el beneficio tributario ya que serían ingresos que no se van a percibir, entonces, habrá un gasto que tendrá que sacrificarse. Esto puede ser considerado un acto irresponsable desde el punto de vista técnico y no es más que una forma de capturar votos por la vía más fácil y que tal vez más le guste a la gente.

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En las propuestas no habla de los empleos temporales, de la precariedad laboral derivada de allí, ni plantea idea alguna sobre el subempleo, luego parece que el tema laboral lo consigue desde una generalidad (ramas) que no le permite atacar el fondo del asunto (raíces).

En el tema de la formalización no deja entrever cómo la logrará, pero en cambio sí deje ver varios contrasentidos, pues no será posible formalizar cuando no se hacen ajustes a la contratación o se proponen medidas más severas de control y vigilancia; luego esta propuesta es estéril y al contrario puede ser perjudicial e ineficiente por los esfuerzos que se realicen.

En síntesis, cualquier propuesta de empleo que no tome en consideración la precariedad laboral, la tendencia al cuentapropismo y la informalidad como asuntos núcleo para una política laboral, sencillamente esta desenfocada. Además, parece que confía mucho en los impactos derivados por el emprendimiento cuando el país y las ciudades que relativamente han recorrido este camino no es que tengan las mejores experiencias en materia de empleo y sostenibilidad de los mismos emprendimientos. También considera que la productividad será la garantía para ingresos más justos, lo cual es muy discutible pues se podría probar que las mejoras salariales distan mucho de los reconocimientos por productividad.

A manera de conclusión, las propuestas del candidato en materia laboral se distancian sustancialmente de los verdaderos problemas que aquejan al mundo del trabajo y son tal vez un conjunto de ideas que al leerlas podrían resultar políticamente correctas; pero no menciona la importancia que tendría incluir los indicadores del trabajo decente dentro de la política laboral, la necesidad de mejorar la contratación de personal desde el sector público y la urgencia de fortalecer la organización de los trabajadores como un aporte a la democracia y al fortalecimiento de las organizaciones sociales. Estos temas brillan por su ausencia.

 

[1] Por ejemplo, de los 3’500.000 ocupados en el Comercio en promedio en 2017, el 66% fue informal; porcentaje muy parecido al que evidencia la construcción, quién el año pasado ocupó en promedio 780.000 personas.

 

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