Luz Amparo, una dama paisa al volante del sindicato de taxistas de Barranquilla

El alcalde de Barranquilla ya debe saberse de memoria el rostro de Luz Amparo Rodríguez Gómez, porque es el que siempre ve al frente de los negociadores del Sindicato de Taxistas de su ciudad, quienes en los últimos dos años han venido movilizándose y negociando con la Alcaldía mejores condiciones de trabajo.

Luz Amparo no es la presidenta del Sindicato, es la secretaria general, pero sí es la que habla donde haya que hablar y la que lleva la vocería de la causa de los taxistas ante los medios de comunicación. De hecho son frecuentes sus apariciones en la prensa y en los noticieros locales, por lo que ya los taxistas reconocen en ella a uno de sus líderes. Y eso en una ciudad donde por las calles transitan 25 mil taxistas varones y sólo 6 taxistas del sexo femenino, ya es mucho decir.

Luz Amparo es paisa, nacida en Medellín hace 45 años en una familia de sindicalistas: varios de sus tíos maternos fueron en su tiempo dirigentes del Sindicato de Empresas Públicas de Medellín. Sin embargo, ella sólo se vino a meter en los vericuetos de la lucha sindical hace apenas dos años largos. Hasta ese momento se había desempeñado como auxiliar de contabilidad (la carrera que estudió) y después como taxista en Barranquilla, oficio al que se dedicó cuando en un golpe de suerte se ganó un taxi; y todo ese tiempo estuvo ajena al tema sindical. Hasta el mediados del 2007, cuando junto con varios compañeros taxistas vio la necesidad de organizarse para solucionar una serie de problemas que aquejan al gremio, apoyados aquella vez por el Sindicato de Taxistas de Cartagena, el más grande y mejor organizado del país (6 mil afiliados), cuyos dirigentes se desplazaron a Barranquilla para ayudar a organizar a sus colegas de esta ciudad.

Después de varias reuniones, tímidas al principio, a finales de aquel año Luz Amparo y 258 compañeros más lograron conformar el Sindicato de Taxistas de Barranquilla, con David Vargas como presidente y ella como secretaria; organización que hoy, dos años después, cuenta con 1.800 afiliados y un peso específico en la ciudad, no sólo entre los taxistas y la gente del común, sino también ante la Administración Municipal, que ha visto como los taxistas han paralizado varias veces la ciudad por cuenta de sus protestas.

Luz Amanda ya no maneja taxi, lo vendió. Tiene sí una pequeña renta que le permite vivir y dedicarse de tiempo completo al sindicato, por simple vocación porque no recibe un solo peso de remuneración. Hay veces incluso que le dan las 10 de la noche en alguna reunión. Y aparte de eso, es también tesorera del Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte, organización que en el país tiene 17 sindicatos afiliados.

Taxistas explotados

“Yo pensaba que los taxistas de Barranquilla eran los más explotados de Colombia, pero ahora que he viajado por el país me he dado cuenta de que la explotación es general”, dice Luz amparo. Y lo dice por las jornadas de hasta 12 horas que les toca trabajar, por la baja remuneración que reciben (el 80% de los taxistas de Barranquilla son asalariados), y por su total desprotección en materia de prestaciones y seguridad social, que es, en su concepto, su mayor problemática.

“Los taxistas de mi ciudad, y en general los de todo el país —dice— trabajan sin contrato laboral, ni prestaciones sociales, ni EPS, ni aportes a pensión, pese a que la Ley 336 (Estatuto del Transporte) establece que todo conductor debe tenerlos. Los de Medellín son los únicos que tienen alguna seguridad social, porque la Secretaría de Tránsito no le expide tarjeta de control al que no la tenga, así a la larga la paguen de su propio bolsillo”.

Y agrega: “los dueños dicen que no pueden pagar la seguridad social de los taxistas porque el negocio ya no es rentable. Nosotros decimos que sí se puede, y en eso estamos trabajando con el Viceministerio del Transporte, para hacer cumplir la ley”.

Se han hecho sentir

En los últimos dos años los taxistas de Barranquilla han paralizado 3 veces la ciudad. La primera vez fue en febrero de 2008, para exigirle al Alcalde Alejandro Char que adoptara el pico y placa para taxis, dada la saturación de éstos en las calles. El paro se levantó cuando Char firmó el compromiso de establecerlo.

El segundo bloqueo tuvo lugar a principios del año pasado, debido a la demora del Alcalde para cumplir la promesa de firmar el decreto de pico y placa para taxis, el cual finalmente firmó. Y el tercero se produjo como una acción de protesta por el asesinato de un compañero taxista.

Y es que, como en el resto de las capitales del país, el oficio del taxista es poco seguro. “Nos han matado muchos compañeros, hace 15 días fue el último; y el pasado diciembre al secretario de educación del sindicato le pegaron una puñalada por robarle el carro”, cuenta Luz Amparo. Ante esta difícil situación optaron por establecer una red de apoyo con la policía, a la cual pertenecen todos los afiliados al sindicato. El plan es que 5 mil taxistas tengan radio en la ciudad, pero eso está en discusión porque la Alcaldía quiere que el costo de esos radios salga del bolsillo de los taxistas.

Con lo que sí no está de acuerdo el sindicato es con que los taxistas se vuelvan “sapos”, como se lo propuso el presidente Uribe a los taxistas de Cali. “Esa propuesta es horrible, porque es querer meternos en el conflicto. Está bien que busquemos la seguridad para el mismo gremio, pero hasta ahí no más”, afirma enfática Luz Amparo. En cambio sí le parece atractiva la idea de los Taxi Rosa que se propuso en Medellín, por lo que implica en seguridad para las usuarias mujeres.

Otra “pelea” que dio, y sigue dando, el Sindicato de Taxistas de Barranquilla, con Luz Amparo a la cabeza, tiene que ver con la corrupción en la administración del tránsito municipal. Fue decisiva la presión que hizo el sindicato para que Carlos Altamar, el anterior secretario de la movilidad de Barranquilla, saliera del cargo y ahora esté preso por el delito de clonar más de 7 mil taxis en la ciudad.

Como producto de sus protestas y bloqueos, las amenazas e intimidaciones para Luz Amanda no se hicieron esperar. La llamaron por el celular y le dijeron que si se iba a hacer matar por los taxistas, que qué estaba esperando para retirarse del sindicato. Después de eso, cada vez que los taxistas se movilizaron, ella recibió una nueva amenaza. “Pero yo a eso no le tengo miedo, al contrario, más me anima a seguir en la lucha”, dice.

Al preguntarle qué es lo que más le gusta de ser sindicalista, Luz Amparo dice que la solidaridad que hay en el gremio, el hecho de que se ayuden unos a otros. Y al preguntarle por lo que menos le gusta, ella sin titubeos afirma que no le gustan los sindicalistas que actúan por interés personal, en los que prima más lo particular sobre lo colectivo, la corrupción, en suma.

Luz Amparo estuvo alguna vez casada y de esa unión le quedaron tres hijos, quienes saben perfectamente en qué asuntos anda metida porque ella los mantiene al tanto de todo, ya que en este país ser sindicalista es un motivo de zozobra permanente. Pero a ellos les gusta lo que hace su mamá, e incluso la abrazan y se sienten orgullosos de ella cuando la ven salir en los noticieros de televisión.

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